Mostrando entradas con la etiqueta reseña. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta reseña. Mostrar todas las entradas

Reseña: Carry On, de Rainbow Rowell

sábado, 19 de diciembre de 2015


St. Martin's Griffin 2015 522 páginas


Simon Snow es el peor elegido de la historia. Eso es lo que asegura Baz, su compañero de habitación. Y puede que Baz sea un vampiro y un cretino, pero seguramente tenga razón. La mitad del tiempo, Simon es incapaz de hacer que su varita funcione, y la otra mitad se la pasa haciendo arder cosas. Su mentor le evita, su novia ha roto con él y hay por ahí un monstruo con la cara de Simon que se come la magia. Baz podría aprovecharse de todo eso, pero es su último año en la Escuela de Magos de Watford y la irritante nemesis de Simon ni siquiera se ha molestado en aparecer por allí.


Reseña

Todavía no sé si Carry On es un fanfiction de Fangirl, un fanception como concepto nuevo inventado por el fandom o el fanfiction de Harry Potter que todos quisimos escribir. La historia detrás de la última novela de Rainbow Rowell (en la que, alabados sean los dioses, vuelve a la literatura juvenil y por primera vez pisa el terreno de la fantasía) explica ese curioso trabalenguas: Simon Snow, su protagonista, apareció por primera vez como personaje ficticio en las páginas de Fangirl, otro de los libros de Rowell. Allí, su propia protagonista, Cath, se pasaba media vida en Internet leyendo y escribiendo historias alternativas sobre sobre la saga de Simon Snow, una pseudo parodia de los libros de Harry Potter que, sin embargo, existía de forma paralela a la historia del niño que sobrevivió. Ahora el mundo mágico de Simon sirven de material para una nueva novela, que no es ni la historia canon que habría escrito su autora ficticia, Gemma T. Leslie, ni tampoco el fanfiction ideado por su fanática también ficticia, Cath, sino la propia versión de Rainbow Rowell. ¿Seguís ahí?

El regusto a Harry Potter se nota desde la primera hasta la última página. Simon Snow es también un elegido, aunque resulta bastante más patético que Harry. Huérfano e hijo de padres no mágicos, estudia en Watford, una elitista escuela de magos inglesa, mientras que un poder oscuro amenaza el mundo que él conoce. Tiene una mejor amiga sabelotodo, un mentor que resulta ser también el director de su colegio y que le rehuye constantemente... por no mencionar a Baz, su antagonista, compañero de habitación, vampiro elegante y con porte, y la persona que ocupa de forma obsesiva todos sus pensamientos y a la que persigue por todo el colegio, empeñado en saber qué coño trama. Os lo dije: Harry Potter por todas partes. En El misterio del príncipe, por afinar más.

yasminwithane.tumblr.com
Al principio se me atragantaron todas esas similitudes, pero después comencé a dejarlas a un lado e incluso a disfrutarlas. La historia de Rowell se parece, sí. Pero también tiene sus diferencias y, a medida que avanza, comienza a cobrar vida propia. Es mucho más descarada y el mundo mágico de Watford tiene tanta carga política como referencias a la cultura pop, algo habitual en las novelas de la autora. Los hechizos, por ejemplo, no son interpretaciones libres del latín, sino que están tomados de canciones y frases populares (el Carry On del título, por ejemplo, está sacado de Bohemian Rapsody). El diálogo, como siempre, es rápido y muy divertido, y en general la historia está bien cargada de humor y de drama juvenil del que tanto Rowell como sus personajes se ríen.

Lo mejor del libro es, sin duda, Baz. Después Baz, un poco más de Baz y ya a lo lejos su relación con Simon... aunque ahí entramos otra vez en el terreno de las similitudes, porque su historia de amor huele a fanfic Harry-Draco por todas partes. En la lista de virtudes también apunto toda esa carga política de la historia. Carry On habla de un elegido que resulta ser el peor candidato posible para interpretar el papel del salvador, pero también de igualdad, de identidad y de cómo el poder tiende a acumularse en manos de unos pocos. La lucha contra el malo de turno enmascara una lucha por conservar el poder en unas cuantas familias privilegiadas y, aunque eso también recuerda mucho a Harry Potter... ¿quién puede culpar a Rainbow Rowell de querer escribir sobre un colegio de magia?


lo mejor
Baz. Rainbow Rowell de nuevo escribiendo juvenil y estrenándose con la fantasía. Volver a leer una historia sobre un colegio de magia. Las carcajadas que arrancan los diálogos.
lo peor
La historia parece pensada para ocupar más de un libro y tiene demasiados antecedentes que se quedan a medias. Puede que tanta inspiración harrypotteriana sea un obstáculo para disfrutar del libro.


Mini-reseñas #5: Corazón tan blanco y Todos deberíamos ser feministas

viernes, 27 de noviembre de 2015

Corazón tan blanco, de Javier Marías

No sé por qué he tardado tanto tiempo en leer al Javier Marías novelista. El columnista me encanta desde adolescente, cuando cada domingo esperaba para leer sus reflexiones en la última página de El País Semanal. Es de esas personas que no se conforma con escribir jodidamente bien, sino que además consigue convencerte en cada texto de que tiene toda la razón en todo lo que dice. Pero a pesar de todo mi fangirleo, por alguna extraña razón nunca había leído una de sus novelas.

Empecé Corazón tan blanco con esas expectativas tan altas y durante su lectura tuve que sortear unos cuantos baches. En las primeras 50 páginas lo único en lo que podía pensar es: "Voy a odiar este libro". En las últimas 50, tenía claro el resultado: es una de mis mejores lecturas del año. No sé en qué momento mi cabeza hizo clic y, de pelear con la prosa de Marías, pasé a enamorarme de ella. Pero menos mal que lo hice.

Su estilo es tan personal como complicado y al principio la historia me parecía que no tenía ni pies ni cabeza: un recién casado, acosado por el presentimiento de que algo malo va a ocurrir con su matrimonio, que además descubre que la primera esposa que tuvo su padre se suicidó poco después de regresar de su luna de miel. Suena algo telenovelesco, pero sobre el papel y al llegar al final resulta una novela redonda, llena de simbolismos que se repiten y que construyen y cierran todos los mimbres de la historia de forma espectacular.



Todos deberíamos ser feministas, de Chimamanda Ngozi Adichie

Soy una ignorante de la literatura africana, pero hay una autora de la que no me canso de hablar en el blog (aparte de Rainbow Rowell, of course): Chimamanda Ngozi Adichie. De hecho, creo que la he mencionado en mistres últimas entradas, así de limitado es mi conocimiento y así de obsesiva soy. La conocí de la forma más tonta posible: gracias a una canción de Beyoncé, que sampleó un fragmento de Todos deberíamos ser feministas, una charla que dio esta escritora nigeriana en 2013 y que ahora se acaba de publicar en español.

Esta mini-reseña se debería reducir a un Chimamanda tiene razón en todo lo que dice. Pero además de tener razón, la autora de Americanah abandera un término tan denostado como el feminismo desde un punto de vista divertido, fresco y con un punto de ironía perfecto. El librito no llega a las 60 páginas, creo, se lee en dos viajes de metro y además merece la pena ver también la charla en Youtube. Y oye, que también soy flan de Beyoncé y este momento en los premios MTV con la voz de Chimamanda de fondo y el pelazo de la Beyon al viento mola:


Reseña: A todos los chicos de los que me enamoré, de Jenny Han

domingo, 25 de octubre de 2015


Destino  2014  384 páginas


Lara Jean guarda sus cartas de amor en una caja. No son cartas que le hayan enviado, las ha escrito ella, una por cada chico de los que se ha enamorado. En ellas se muestra tal cual es, porque sabe que nadie las leerá. Hasta que un día alguien las envía por equivocación y la vida amorosa de Lara Jean pasa de «imaginaria » a estar totalmente fuera de control.



Reseña

Empecé este libro porque necesitaba mi ración de YA noño, pero sabía que me iba a decepcionar. No me equivoqué en ninguna de las dos cosas: es noño y me decepcionó... aunque no por estar tan recubierto de azúcar. Y eso que A todos los chicos de los que me enamoré tiene unas cuantas cosas que me gustan: un título largo que llama la atención, una portada bonita, buenos reviews y la promesa de una historia entretenida y fácil de leer. El planteamiento tenía, además, muy buena pinta. Lara Jean es una adolescente que escribe cartas a los chicos de los que se enamora. Pero no son cartas de amor, sino de despedida. No las envía, porque al igual que no son cartas de amor, tampoco son cartas para ser enviadas. En lugar de eso, las guarda todas en una caja en su armario.... hasta que un buen día desaparecen y acaban en el buzón de sus destinatarios.

Simini Blocker
Lo peor de este libro es que ese planteamiento supera todo lo demás. La historia en la sinopsis resulta ser mejor que la historia en las páginas. Creo que Jenny Han tenía una buena idea en la cabeza que luego no supo desarrollar bien. Creía que el libro iba a girar en torno al misterio de las cartas y cómo habían terminado en manos de quien no debían, pero toda esa parte de la trama solo aparece al principio, como una excusa para poner la acción en marcha, y al final, resuelto de forma demasiado rápida, como si al revisar lo escrito la autora se hubiera dado cuenta en el último momento que había dejado ese cabo suelto.

En lugar de centrarse en el misterio de las cartas, A todos los chicos de los que me enamoré se convierte en un carril de dos sentidos aburrido y trillado que circula entre los dos chicos que preocupan y ocupan a Lara Jean: Josh, el ex de su hermana y del que la protagonista creía haberse desenamorado hacía tiempo, y Kavinsky, el chico popular del instituto con el que finge tener una relación para que Josh no sospeche de sus sentimientos por él. En fin, drama típico de instituto sin mucho más que rascar y que ni siquiera me resultó entretenido. Los personajes me dieron igual y lo que ocurriera con ellos me importaba todavía menos.

Lo bueno, por destacar algo, es que el estilo de escritura es sencillo y al mismo tiempo pulido, por lo que las páginas y la historia desfilan rápido. Me gustó que la familia de Lara Jean tuviera una presencia muy importante y constante en el argumento. El mundo de la protagonista está, además, lleno de pequeños detalles que le aportan calidez al relato. Lo que no me explico es cómo un libro así, en el que no ocurre nada ni remotamente interesante en más de 300 páginas, puede dar para una segunda parte, P. S. I Still Love You, que se publicó en mayo en inglés. Y después de esta reseña que deja la historia por los suelos confieso que sí, lo leeré. Pero solo porque es corto (y porque tiene una portada igual de bonita y yo soy una incoherente).


lo mejor
La historia deja un regusto cálido muy agradable. El estilo es sencillo y el libro se lee rápido. La familia de la protagonista está muy bien construida, con multitud de detalles y pequeñas costumbres que le dan un buen toque al relato.
lo peor
No ocurre nada ni remotamente interesante. Los personajes tampoco lo son, ni el modo en que se desarrolla la trama, ni el camino que elige la autora para guiar la historia. La sinopsis resulta más atractivo que el propio libro.



Reseña: La reina roja, de Victoria Aveyard

jueves, 8 de octubre de 2015


Océano Gran Travesía 2015 480 páginas


Ambientada en un reino imaginario, esta novela nos muestra a una sociedad dividida por el color de la sangre. Por un lado está la gente común que tiene sangre roja; por el otro, aquellos que poseen sangre plateada y que tienen habilidades sobrenaturales. La protagonista es Mare, una chica de sangre roja que sobrevive en medio de la pobreza realizando pequeños robos. Cierto día, el azar la lleva a la corte, donde demuestra tener poderes especiales. Ello la convierte en una anomalía que llama la atención del mismísimo rey, que la hace pasar por una princesa.

Reseña

Hay algo que odio y a la vez disfruto: empezar a leer una saga que no está terminada (hablamos de casos razonables en los que esperas un libro por año... no de ti, Martin). Y si de sagas con bien de hype se trata, este año no hay quien le haga sombra a La reina roja, que consiguió llamar la atención de Hollywood antes incluso de que saliera a la venta (en inglés en enero y en español esta semana). Mare, su protagonista, vive en Norta, un reino dividido por el color de la sangre: en la parte baja de la jerarquía sobreviven a duras penas los rojos, meros mortales oprimidos y destinados a una existencia sumida en la pobreza; en la cúspide gobiernan los plateados, con poderes mágicos y organizados en un sistema de grandes familias con intereses enfrentados y bajo el mando de un rey. Cuando Mare acaba en el palacio real y por accidente descubre que ella, a pesar de su sangre roja, también tiene poderes, el monarca solo tiene un objetivo en mente: ocultar su identidad.

Esta es una de esas sagas que cogen un poquito de allí y otro de acá. La opresión y la sensación de constante vigilancia de otras series juveniles, como Divergente, o incluso de clásicos, como 1984. La creación de un mundo dividido en dos grandes grupos, el de los opresores y los oprimidos, separados por los poderes mágicos, algo que ya hizo Leigh Bardugo en la trilogía Grisha. La lucha de los débiles contra el poder establecido que guía Los juegos del hambre. Y aunque no he leído Red rising, sí me he topado con críticas que señalan que la cantinela aquella de separar a los personajes por el color de su sangre ya estaba inventada.

Mapa de Norta
A mí todas esas inspiraciones no me importan, siempre que no canten mucho y que los ingredientes estén bien cocinados. Pero en La reina roja creo que la cocción se queda a medias. Mare es una protagonista a medio gas, que engancha según la página y exaspera cuando cae en una ingenuidad algo exagerada. Al menos tiene determinación, es valiente y creo que puede dar mucho más de sí. Le rodea un enjambre de personajes que ocultan su verdadero rostro, de nobles y príncipes que se sonríen a la cara, mientras por la espalda se dan una puñalada (y vuelve la inspiración, porque esa lucha entre familias me recuerda a Canción de hielo y fuego). Hay, por supuesto, un triángulo amoroso totalmente prescindible, pero que sirve para alimentar algún que otro giro argumental inesperado.

El libro es uno de esos page-turners que tanto les gusta decir a los anglosajones. Lees y lees y, cuando te das cuenta, ya has terminado. Aunque me dejó esa sensación de una historia a medio cocer, durante la lectura encontré algo que me planteó un dilema moral. Sin hacer spoilers, sí puedo decir que hay un momento en el que Mare decide intentar dinamitar el sistema desde dentro y se une a un grupo de rebeldes que lo que hacen es... bueno, planear atentados terroristas. Creo que la palabra terrorismo no se llega a mencionar en el libro, pero la protagonista participa sin duda en uno de esos ataques. Es algo que no había visto hasta ahora en un libro juvenil: me vienen a la mente Los juegos del hambre y Divergente, pero en ambos casos la lucha contra el poder se planteaba más en términos de guerra y batalla. A ratos me pareció que en La reina roja el tema se trataba con demasiada ligereza, pero creo que al final la autora supo proyectar bien ese dilema moral (y sus consecuencias) en la mente de la protagonista y trasladarlo a los lectores.

Lo que más me desconcertó de este primer libro de la saga es el propio mundo en el que se desarrolla la historia: no alcanzo a averiguar si es una distopía futurista o un universo puramente fantástico. Hay magia, pero también cámaras. Hay reyes y un sistema de gobierno medieval, pero en los hogares se encienden televisiones y en las ciudades abundan las cafeterías. Creo que ese mundo en el que respira La reina roja queda en un esbozo. Algo similar me ocurre con la propia historia. Tampoco me preocupo. Es solo el principio. No me ha enamorado, pero tiene potencial para mejorar mucho.


lo mejor
Es solo el principio. La saga tiene mucho espacio para desarrollarse. El ritmo es rápido, hay giros (más o menos) inesperados y la protagonista tiene una determinación y valentía que no suele abundar en las novelas juveniles.
lo peor
Lo mismo: es solo el principio. Tanto la historia como el propio mundo en el que se desarrolla la trama no están bien explicados, sino que en este primer libro parecen más bien solo un atisbo de lo que la autora tiene en mente.

Reseña: El temor de un hombre sabio, de Patrick Rothfuss

martes, 29 de septiembre de 2015


Plaza & Janés 2011 1190 páginas


"Hay tres cosas que todo hombre sabio teme: el mar durante la tormenta, una noche sin luna y la cólera del hombre afable". La rivalidad con un poderoso noble obliga a Kvothe a dejar la universidad y buscar fortuna en el extranjero. Sin rumbo y sin dinero viaja a Vintas, donde no tarda en verse enredado en la política de una sociedad distinguida. Mientras intenta congraciarse con un poderoso noble, descubre un intento de asesinato y conduce a un grupo de mercenarios a tierras remotas para solucionar el misterio de quién está abordando a los viajeros del camino del rey.

Reseña

Llevo unos cinco minutos delante de la pantalla pensando qué escribir en esta reseña que no sea un simple: leedlo. Así que como no sé por dónde empezar, vamos a lo básico: El temor de un hombre sabio es la segunda parte de la trilogía (inconclusa) Crónica del asesino de reyes. Es fantasía, novela de aventuras aderezada con buenas dosis de magia, en un mundo fantástico muy bien construido y con un personaje protagonista de diez. El temor de un hombre sabio es, sobre todo, una historia terriblemente bien contada. Y ese es el mejor piropo que le puedo echar a un libro.

Empecé a leer los tochos considerables que escribe Patrick Rothfuss (el primero tiene más de 800 páginas y este segundo casi 1200) por la morriña que me dejó Canción de hielo y fuego al terminar el quinto libro. Quería seguir explorando en el terreno de la fantasía, pero no tenía ni idea de por dónde hincarle el diente. Y ahí estaba la historia de Kvothe, a buen precio, en edición de bolsillo y con críticas que lo ponían por las nubes. Me lancé, me enganché y lo disfruté incluso más que Juego de tronos. Y eso que, a pesar de que comparten la etiqueta de fantasía con tintes medievales, no tienen nada que ver: a este le falta sangre y todas esas intrigas políticas con las que Martin teje sus libros.

Pero no importa en absoluto. El ritmo es ágil y las páginas van pasando sin que uno se dé apenas cuenta. Con una trama considerablemente más sencilla —sencilla si la comparamos con la enciclopedia que es Martin, claro, pero mucho más compleja que la media— consigue un tono épico muy logrado. Y el mérito se lo lleva su protagonista. Kvothe. Músico, huérfano, arcanista, caradura y leyenda por sus logros pero también por las historias que cuenta para agrandar su mito. Comienza su andadura en las calles de Tarbean, la capital del reino, con sus padres muertos y luchando por sobrevivir. Gracias a su inteligencia consigue acceder a la Universidad, el lugar donde se preparan los arcanistas, una rara avis a medio camino entre mago y científico. Y en este segundo capítulo de su historia, empieza a viajar, a ver mundo y a convertirse en el héroe del que todos hablarán después.

Kvothe está lejos de ser un personaje modélico. Al principio no es más que un adolescente prepotente, tan increíblemente inteligente como gilipollas. Rothfuss se encarga, sin embargo, de que la vida le dé unos cuantos golpes y lecciones. En el primer libro apenas hay evolución y a ratos me resultó fastidioso lo cargante y marisabidillo que era. Pero aquí Kvothe, fuera de los muros de la Universidad, enfrentado a situaciones y a personajes diferentes, comienza a madurar. Siempre sin perder ese toque caradura que le hace irresistible.

A esa maravilla de protagonista que carga con la historia sobre sus hombros le acompaña un mundo fantástico y un catálogo de personajes secundarios de esos de los que da pena desprenderse cuando terminas de leer. En la línea del poema épico, Kvothe centra siempre la acción y por eso en la primera parte, El nombre del viento, apenas atisbamos los confines de Temerant, el mundo en el que se desarrolla la historia. Ahora que el protagonista emprende camino hacia diferentes rincones, Rothfuss va desvelando poco a poco —siempre en pequeñas y frustrantes dosis—los engranajes políticos y sociales que hacen funcionar su fantasía.

La historia tiene otro misterio añadido, pues está contada en dos tiempos: el pasado, que el propio Kvothe narra en primera persona; y el presente, en el que el protagonista aparece derrotado, sin magia y sin fuerzas, aunque todavía no sabemos por qué. Rothfuss se ha sumado al carro de Martin de alargar el sufrimiento de sus lectores entre libro y libro, yo soy del club que odia empezar sagas sin terminar (y aquí estamos) y sé que si engancho a alguien a una trilogía inconclusa soy mala persona, pero... leedlo.



lo mejor
Kvothe, el tono épico, el gusto por contar bien una historia, sin recortar hasta desvirtuarla y sin cargarla de detalles innecesarios (por increíble que parezca al ver las casi 1200 páginas).
lo peor
Solo una cosa: que la saga no está terminada.


Mini-reseñas #4: Kioto y Relato de un náufrago

viernes, 25 de septiembre de 2015

Kioto, de Yasunari Kawabata

A veces, cuando leo a autores japoneses, me siento tonta. Me suele ocurrir que al llegar al final, tengo la impresión de que me he perdido algo. No es una sensación necesariamente negativa y suelo disfrutar esas lecturas, pero como se disfruta algo que sabes que no comprendes del todo. Normalmente pienso que he pasado cosas por alto mientras iba leyendo, pero con Kioto ese agujero ya lo traía yo de serie. Porque para leer en condiciones esta novela una de las tres que citó el comité del Premio Nobel al concederle el galardón en 1968 creo que hay que tener un mínimo de cultura general sobre Japón, sobre sus tradiciones y, en especial, sobre la ciudad de Kioto.

Kawabata narra la historia de Chieko, una joven adoptada por una familia de acomodados comerciantes que, un buen día, descubre que tiene una hermana. Argumento sencillo que esconde un relato delicado y lleno de detalles. Hasta llegar a Kioto solo había leído a Kawabata en la trama de venganzas soterradas que es Lo bello y lo triste. Me sorprende que, manteniendo ese mismo gusto por lo estético, el autor se muestre aquí mucho más sosegado, cándido e incluso ingenuo en algunos momentos. La ciudad milenaria que da título al libro, antigua capital del imperio, es la verdadera protagonista, con sus templos y sus innumerables festivales, con sus cerezos en flor en primavera, sus talleres antiguos y sus calles aún más antiguas... Lo argumental pasa a un segundo plano frente a lo estético y la historia de la hermana perdida de Chieko tiene tanta importancia como el modo en que se colocan las tazas para la ceremonia del té o la descripción de los cerezos en flor en una tarde cualquiera de primavera. Para saborear con calma.



Relato de un náufrago, de Gabriel García Márquez

No sé qué es más interesante de Relato de un náufrago, la historia o su historia detrás de la historia. La primera (real) es la de Luis Alejandro Velasco, un marinero colombiano que en 1955 pasó diez días a la deriva en el Caribe después de caer por la borda del buque militar que le llevaba de vuelta a su país. Lo que hay detrás es la historia de un reportaje, aparentemente inofensivo, que destapó un caso de contrabando en el Ejército colombiano y que, en plena dictadura de Rojas Pinilla, empujó a un joven Gabriel García Márquez al exilio.

Relato de un náufrago se publicó originalmente en 20 entregas en el diario El Espectador. Para entonces, Velasco era un héroe nacional, los periódicos habían contado ya su hazaña hasta la saciedad y todo el país conocía sus peripecias. O creía hacerlo. Hasta que Gabo se entrevistó con el náufrago y, en primera persona, relató lo que de verdad sucedió. Aparte de las implicaciones políticas (el Ejército había atribuido la desgracia a una tormenta, mientras que en realidad el barco volcó por el peso de todo el material de contrabando que los militares transportaban desde Estados Unidos a Colombia), Relato de un náufrago es un ejemplo magnífico de cómo contar una historia. De cómo contarla bien. Sin artificio pero con emoción, sin barroquismos pero con estilo, sin apabullar pero con pulso y ritmo, sin exagerar la épica pero sin esconderla. Uno pensaría que la crónica detallada, día a día, de un náufrago perdido en el mar sin más compañía que sus pensamientos tiene todas las papeletas para caer en la categoría de aburrido. Nada más lejos de la realidad.

Reseña: Persuasión, de Jane Austen

domingo, 20 de septiembre de 2015


Penguin Clásicos 336 páginas


Persuasión narra la historia de una mujer madura, sensible y menospreciada, que años después de haber rechazado al hombre que amaba, persuadida por un mal consejo, ve cómo éste reaparece en su vida, rico y honorable pero aún despechado. Una mujer que debe luchar para que el amor le conceda una segunda oportunidad. Publicada póstumamente en 1818, se considera una de las novelas más oscuras de Jane Austen, sin duda la más crítica con la sociedad de la época.


Reseña

Hay tres ingredientes que no fallan en una novela de Jane Austen: una protagonista inteligente y con personalidad (a veces más mojigata, como en Mansfield Park, a veces son incluso dos, como ocurre en Sentido y sensibilidad); un escenario de apariencias y formalidades que le sirven a Austen de excusa para afilar la pluma (y la crítica) contra la sociedad de la época; y un caballero para encauzar la trama amorosa. Pero esa fórmula aparece en Persuasión, su última novela, mezclada y agitada de forma diferente. Aunque con sutileza, como suele ocurrir todo en el universo Austen.

Persuasión prescinde por completo del engorro que supone a veces tener que escribir sobre una relación desde el momento en que esta empieza a fraguarse. Aquí, en lugar de una joven en edad de casarse que se enamora de un caballero y encuentra multitud de obstáculos en su camino, lo que hay son dos viejos amantes que se reencuentran cuando ninguno de ellos lo espera. Anne Elliott es la hija mediana de un baronet venido a menos. Invisible para su familia, hace años se guió por un mal consejo en boca de una buena amiga y rompió su compromiso con el hombre al que amaba. Cuando Frederick Wentworth regresa a su vida, es un respetado capitán que lo único que guarda para ella es resentimiento.

La trama amorosa guía las historias de Austen, pero no suele ser ni la parte más importante, ni la más interesante de ellas. En Persuasión, ese ingrediente de la fórmula Austen se repite. Uno pasa las páginas con avidez, en busca primero del reencuentro entre Anne y Wentworth, después de la reacción de ambos, y finalmente de la reconciliación. Austen dosifica esos intercambios de palabras y miradas de forma muy inteligente, introduce más personajes implicados para avivar la acción y buscar la reacción de sus dos protagonistas, todo ello hasta llegar a un final resuelto con ternura y emoción.

Pero el poso que queda de sus novelas siempre es el de la crítica social. Tan ligera como cargada de agudeza. Aquí, Austen centra el ojo en múltiples temas. Algunos son recurrentes, como la posición de las mujeres y cómo la sociedad las obliga a procurarse un buen matrimonio para asegurar su propia estabilidad. Otros los aborda con buenas dosis de comicidad, como las intrincadas relaciones que se establecen entre familiares y amigos, cubiertas de unas cuantas capas de buena educación para disimular los desplantes que se hacen unos a otros. Hay temas, también, en los que Austen afila la pluma más que nunca, algo que ocurre, por ejemplo, cuando compara a los viejos aristócratas, tan llenos de honor y vanidad como de deudas, con una nueva clase de orígenes más humildes pero capaces de utilizar las manos para labrarse un futuro con dignidad.

Si bien eché en falta algo más de empatía con los protagonistas y de sobresalto en la lectura, que peca en muchas ocasiones de lineal, me sigue maravillando la capacidad de Austen para crear personajes. Los construye a golpe de diálogos perfectos y el catálogo de secundarios que puebla las páginas de Persuasión es de lo más variado. Especial mención se merece la familia de Anne: un padre vanidoso que se rodea de espejos para admirar su propia belleza, una hermana mayor igual de bella y narcisista que su progenitor pero incapaz de encontrar un pretendiente, y una hermana menor dramática, excesiva y experta en ser siempre el centro de atención. Como siempre, Austen camina sobre la fina línea que separa la crítica de la caricatura. Y, como siempre, lo hace sin perder el equilibrio.


lo mejor
Es Austen, algo más reposada, pero siempre irónica y aguda. Los personajes secundarios, de todos los pelajes, y los diálogos. El ritmo y la lectura son rápidos y ligeros.
lo peor
No hay sorpresas ni giros en el argumento, como en otras historias de la autora. Los dos protagonistas resultan algo distantes.

Reseña: Felices por siempre jamás, de Stephanie Perkins

lunes, 14 de septiembre de 2015


Plataforma Neo 2014 400 páginas


Enamorarse en la ciudad más romántica del mundo es fácil para la soñadora Isla Martin y el enigmático artista Josh Wasserstein. Pero a medida que avanza el último curso en la School of America de París, Isla y Josh se ven obligados a afrontar la desgarradora realidad: quizá, su historia no termine con un "felices por siempre jamás". ¿Seguirán juntos cuando los días en el instituto se acaben? ¿Será su amor más fuerte que la distancia? Su romance se convertirá en un apasionante viaje por Nueva York, París y Barcelona, acompañados de sus amigos Anna, Étienne, Lola y Cricket.

Reseña

Antes de abrir un libro juvenil, a veces es necesario hacer una pequeña preparación mental previa y decirse a uno mismo: “Venga, no me importa que me vaya a caer encima todo el armario de tópicos adolescentes”. Con Felices por siempre jamás es aconsejable aplicarse el cuento porque sus páginas están llenas de esos clichés que pueblan el maravilloso mundo YA. Comenzando por el título que, por una vez, la traducción al español no empeora. Pero si uno asume desde el principio (e intenta que no le importe) que el argumento va a tener su buena dosis de drama adolescente inflado con unos cuantos te-quiero-no-puedo-vivir-sin-ti en boca de niños de 17 años que no tienen ni idea de nada, la historia incluso se disfruta.

Isla es la tercera (y última) de las protagonistas femeninas de esta trilogía de historias de amor juvenil que recorren París, San Francisco y Nueva York. Este último libro vuelve al lugar donde comenzó la historia con Anna y Étienne en Un beso en París: un internado en la capital francesa para niños bien estadounidenses. Stephanie Perkins se centra en esta ocasión en Josh, el amigo del carismático Étienne, que vive y respira solo para dibujar sus cómics. Cuando sus compañeros se gradúan un año antes y él se queda solo en la ciudad, comienza a reparar en Isla, la chica tímida de su clase que lleva años enamorada de Josh.

pandanemar.tumblr.com
Para ser la típica historia de enamoramiento enquistado durante varios años (te quiero, pero no me miras, un día hablamos, pero... ¡ay! ahora tienes novia), Perkins resuelve el nudo amoroso en los primeros compases. En apenas unas cuantas páginas, Isla y Josh ya son felices y a punto de comer las perdices que anticipa el título del libro. Hasta que los dos cometen una estupidez. Porque son jóvenes y casi no saben ni por dónde les da el aire. Porque Josh es un pelín egocéntrico y está demasiado absorto en su propio mundo. Porque Isla roza la paranoia y los celos absurdos. Y no, ninguno de los dos me resultó especialmente simpático, aunque en defensa de Perkins admitiré que todos esos defectos típicos de la adolescencia les dan un toque muy realista.

El drama dramático que obliga a Isla y a Josh separarse durante otras cuantas páginas me resultó forzado y sacado de madre. Aunque, al igual que los defectos irritantes de los dos protagonistas, va muy en consonancia con lo que es ser adolescente y hacer gilipolleces por un chico. Le concedo a Perkins tres cosas que sabe hacer muy, muy bien: crear buenos personajes secundarios, arropar sus historias en escenarios que se convierten casi en protagonistas (París y Nueva York, esa sí que es una buena historia de amor) y escribir escenas de las que te arrancan la sonrisa tonta. Al juntar las piezas, Isla pierde fuerza. Pero por separado, algunas partes funcionan de maravilla y son prácticamente perfectas. La autora tiene un don para manejar el azúcar en su punto justo: sin empacharse y sin quedarse a medias.

Dicho esto, a Isla y a Josh no les daría más de dos meses juntos en la vida real. Pero oye, qué libros más monos le salen a Perkins.


lo mejor
Los paisajes que acompañan las historias de Perkins, con París y Nueva York como telón de fondo en este último libro y una aparición estelar de Barcelona. El encanto que tiene la autora para escribir escenas de esas que arrancan un suspiro.
lo peor
La trama no daba para mucho y llegar a resultar algo forzada e inflada. Los personajes no me movieron en absoluto e incluso, a ratos, me cayeron gordos.

Reseña: La chica del tren, de Paula Hawkins

sábado, 29 de agosto de 2015


Planeta 2015 496 páginas


¿Estabas en el tren de las 8.04? ¿Viste algo sospechoso? Rachel, sí. Rachel toma siempre el tren de las 8.04 h. Cada mañana lo mismo: el mismo paisaje, las mismas casas… y la misma parada en la señal roja. Son solo unos segundos, pero le permiten observar a una pareja desayunando en su terraza. Siente que los conoce y se inventa unos nombres para ellos: Jess y Jason. Su vida es perfecta, no como la suya. Pero un día ve algo. Sucede muy deprisa, pero es suficiente. ¿Y si Jess y Jason no son tan felices como ella cree? ¿Y si nada es lo que parece? Tú no la conoces. Ella a ti, sí.

Reseña

Siempre pico. Me ponen delante un thriller superventas del que todo el mundo habla y pico. La chica del tren se me cruzó por delante una tarde de domingo y, a la mañana siguiente, ya lo había terminado. Ahí se acaba lo bueno de esta historia que comienza con un tren. El de las 8.04. El que Rachel toma todas la mañanas. Y desde el que ve la vida perfecta que Jason y Jess, un joven matrimonio del que no sabe nada, llevan en una de las casas que ella contempla cada día a lo largo del recorrido de las vías. Entonces, la mujer a la que observa todas las mañanas desaparece en una noche de sábado de la que Rachel no recuerda nada.

Hacía tiempo que no me encontraba con un conjunto de personajes tan detestables. Probablemente desde Perdida. Rachel es una alcohólica que ha perdido el control sobre su vida y que, en lugar de inspirar compasión, llega a ser repulsiva y exasperante. No es lo peor con lo que el lector se encuentra. Por las páginas de La chica del tren desfilan otros cinco personajes principales, cada uno con sus secretos y sus miserias. Ninguno de ellos consigue arrancar el menor atisbo de empatía.

Hacía tiempo, también, que no leía una novela con tanto tufo a telefilme de sobremesa. Sí, probablemente desde Perdida. Las comparaciones entre ambos libros son recurrentes en todas las entrevistas que le hacen a su autora, Paula Hawkins, una periodista británica que ya había escrito varias novelas románticas sin apenas reconocimiento. Las dos novelas han sido un éxito fulminante, tejido alrededor de la desaparición de una mujer joven y guapa, y aderezado con maridos sospechosos y relaciones amorosas destructivas que se derrumban. Ahí terminan las similitudes.

Perdida, con todas sus incongruencias y ese personaje principal totalmente histérico y sacado de tiesto, guardaba un giro en el argumento que nadie se podía esperar. En La chica del tren, ni siquiera hay ese pequeño consuelo, sino que el final se ve venir desde la mitad del libro. Y eso que yo soy de ese tipo de lectores que nunca, nunca adivina quién es el asesino. De hecho, me pasé las últimas 50 páginas pensando que, en el último momento, la historia iba a dar otro giro. Buscaba pistas escondidas en cualquier frase y sonrisa de los personajes. Pero no ocurrió nada más... excepto que el final resultó ser tan decepcionante como ya preveía.

Le reconozco a La chica del tren que la historia comienza muy bien. La lectura es ágil, el ritmo es relativamente rápido, los capítulos se desarrollan en una atmósfera de paranoia muy conseguida y el argumento parte de ciertas premisas que resultan muy atractivas. El tren que nos lleva cada día al trabajo, desde el que vemos pasar por delante de nuestros ojos vidas captadas en milésimas de segundo y de las que no tenemos mayor idea que esa foto fija. La curiosidad por el día a día de los demás, por saber qué ocurre tras las puertas cerradas y las persianas bajadas. La necesidad de sentirse parte del algo, aunque ese algo sea una historia oscura y violenta. Lástima que lo que tan bien comienza, termine siendo otro atajo de lugares comunes y escenarios trillados.


lo mejor
Es de ese tipo de libros que se leen en un suspiro, sin apenas esfuerzo. Comienza muy bien, aunque luego se desinfle. Buena parte de la acción se desarrolla en una atmósfera paranoica muy creíble.
lo peor
Los personajes son detestables, el final resulta previsible, el argumento cae rápidamente en tópicos dignos de un mal telefilme y al final queda la sensación de que, aunque la premisa era buena, la autora no ha sabido aprovecharla.


Reseña: American Gods, de Neil Gaiman

jueves, 20 de agosto de 2015


Roca Editorial 2001 560 páginas


Días antes de salir de prisión, la mujer de Sombra, Laura, muere en un misterioso accidente de coche. Aturdido por el dolor, emprende el regreso a casa. En el avión, se encontrará con el enigmático señor Miércoles, que dice ser un refugiado de una guerra antigua, un dios y también el rey de América. Juntos se embarcan en un viaje extraño a través de los Estados Unidos, mientras una tormenta de dimensiones épicas amenaza con desencadenarse.


Reseña

Empecé a leer American Gods con miedo y una brújula. Con miedo porque había escuchado tantas cosas buenas sobre el autor, que la historia entre Neil Gaiman y yo solo podía tener un final posible, el de la decepción. Y con una brújula, la que el propio autor nos da en la nota que sirve de preludio a la historia. Gaiman se hizo una pregunta antes de empezar a escribir: ¿qué ocurre con los dioses y con los mitos una vez que aquellos que les alimentan con su fe deciden emigrar? Esa es la misma pregunta que me sirvió de guía para adentrarme en el viaje por carretera a través de Estados Unidos que emprende Sombra, un expresidiario que, tras perder a su mujer, comienza a trabajar para un timador. El señor Wednesday resulta ser un dios. Y hay muchos más como él ahí fuera.

Casi 500 páginas y cientos de kilómetros recorridos después, todavía no sé de qué va American Gods. Y ese es el mejor piropo que le puedo echar. Contaba Gaiman en una entrevista poco después de que se publicara, en 2001, que una periodista había intentado sonsacarle una definición de su obra en apenas una frase. "Es un libro de asesinatos", respondió él. "Pero, ¿no es ciencia ficción?". "Sí, si lo quieres mirar de esa manera". "¿Es un thriller?". "Espero que sí": "¿Fantasía?". "Sí". "¿Terror?". "Sí, y también es literatura mainstream".

Thriller, fantasía, ciencia ficción, una historia de amor y también un cuento sobre la identidad de Estados Unidos. Nunca lo etiquetarán como gran novela americana, ese gran cajón de historias serias que aspiran a retratar y a captar la esencia estadounidense en una etapa histórica concreta, pero bajo todas las capas de fantasía y mitología, de dioses venidos a menos y de fieles que se han olvidado de ellos, American Gods es una radiografía precisa del país... irónicamente escrita por la pluma de un inglés. Gaiman muestra un pueblo que se sostiene sobre las raíces de la inmigración, una tierra que no es en absoluto un buen lugar para los dioses, pero en la que las deidades (las antiguas y las nuevas: la televisión, la tecnología, el éxito...) se adaptan como propias para poco después tirarlas a a la basura a un ritmo vertiginoso.

Yo añadiría que American Gods es, sobre todo, una historia de timadores y de trucos de magia. Y el primero en ponerlos en práctica es el propio Gaiman, que distrae la atención del lector para ocultar partes importantes de la acción en el mejor lugar en el que se puede esconder algo: justo debajo de nuestras narices. El argumento da tantas vueltas, está tan cargado de detalles y de metáforas, de subtramas y de carreteras secundarias, que si miras hacia el lugar incorrecto de la página, te estás perdiendo algo. Y Gaiman consigue que mires hacia otro lado siempre que él quiera.

Lo más sorprendente de todo es la facilidad con la que esa historia tan compleja y tan llena de todo (de personajes, de significados, de lugares) se va desarrollando. Es de ese clase tan insólita de libros en los que puedes llevar 100, 200, 300 páginas leídas sin tener ni idea de hacia dónde pretende llevarte el autor. Pero, ¿qué importa? Está tan bien escrito, que eso es lo de menos.


lo mejor
Es aquella máxima de hacer pasar por fácil algo tremendamente complicado hecha libro. Vas a ciegas durante la mayor parte del camino, pero con la certeza de que el conductor sabe perfectamente hacia dónde quiere llevarte. Hay una serie de televisión en camino.
lo peor
Nada. Salvo que voy a tener que emplear tiempo en darle una relectura para intentar cazar todo aquello que se me escapó la primera vez. Y eso ni siquiera es algo malo.


Reseña: Pastoral americana, de Philip Roth

sábado, 8 de agosto de 2015


Pastoral americana. Mondadori. 1997. 512 páginas

Seymour Levov, modelo a seguir por todos los muchachos judíos de New Jersey, gran atleta y mejor hijo, sólido heredero de la fábrica de guantes que su padre levantó desde la nada, ha rebasado la mitad del siglo XX sin conflictos que puedan estropear su dorada Arcadia, una vida placentera que comparte con su mujer Dawn, ex Miss New Jersey, y con su hija Meredith. Y es en este preciso momento,con su vida convertida en un eterno día de Acción de Gracias en el que todo el mundo come lo mismo, se comporta de la misma manera y carece de religión, cuando el Sueco Levov verá derrumbarse estrepitosamente todo lo que le rodea.




Sé que hay libros densos, de esos que no es fácil (y, a veces, ni siquiera realmente agradable) leer. Libros que te exigen concentración, compromiso y hasta un poco de cabezonería para terminarlos. También sé que Internet y los ordenadores han estropeado mi cerebro. El tuyo, el mío y el de gran parte de la humanidad (no, las víctimas no son solo los millennials). Concentrarme durante media hora en leer un libro sin echarle un rápido vistazo a mi móvil o a la pantalla del ordenador para comprobar si tengo un correo nuevo es tarea imposible.

Hasta ahora sabía, además, una tercera cosa: que todavía era capaz de mantener un sano equilibrio entre mis neuronas espasmódicas y la lectura densa, un punto intermedio que me permitía leer casi cualquier libro, también esos que te hacen caminar por travesías llenas de obstáculos. Pero después de leer Pastoral americana, solo tengo dudas. No sé si mi cerebro se ha arruinado para siempre, si el libro era demasiado para mí, o si simplemente me siento muy condicionada por la fama que le precede –premio Pulitzer incluido en el currículum y una película en camino- como para clasificarlo como una mala lectura. 

Voy a atreverme a ponerlo por escrito: leerlo fue a ratos una tortura.

Pastoral americana es el conflicto generacional llevado al extremo. El Sueco Levov, su protagonista, encarna el ideal del sueño americano: tercera generación de una familia judía en Estados Unidos, el mejor atleta en sus años de instituto y casado con una miss, asume la dirección de la fábrica de guantes que su padre consiguió levantar de la nada. Su hija, Meredith, es la bomba que hace estallar esta idílica estampa de la clase media-alta. Y lo hace en el sentido más literal posible. Cuando su padre confía en que sea ella, la cuarta generación, la que perfeccione aún más la esencia estadounidense, Meredith se rebela y, a modo de protesta contra la guerra de Vietnam, contra su padre y contra la propia idea del país que les ha acogido, planta un explosivo en la oficina de correos del apacible pueblo donde viven y mata a un médico.

Pastoral americana es demencial. Pero lo más perturbador no es la deriva de Meredith hacia la locura, sino el modo en que su padre encaja estoicamente los golpes. Demasiado perplejo por lo que le está ocurriendo, es incapaz de hacer algo más que no sea limitarse a observar cómo el caos familiar se desata delante de sus narices.

Si la historia tiene tanto jugo (de hecho, esto iba para el armario de las mini-reseñas y aquí estoy), no sé qué demonios me hizo sufrir tanto mientras leía. Pero me resultó tediosa como pocas. La acción se hace de rogar y, entre salto y salto en el argumento, hay páginas y páginas de reflexiones eternas y explicaciones excesivamente detalladas sobre cómo se fabrica un buen guante de señora. La primera vez me resultó curioso. La segunda, ligeramente cansino. A la tercera, opté por leer esas partes en diagonal. Así que o fue el propio libro quien me sacó de la lectura o yo no tengo la paciencia que se necesita para admirar tanto lujo de detalles y tanta profusión en cuestiones que en nada hacen avanzar la trama. 

Lo mejor de todo: no desisto con Philip Roth. Después de ponerle dos estrellas en Goodreads, solo se me ocurrió añadir La mancha humana a mi lista de pendientes. Puede que, después de todo, lo de mi cerebro todavía tenga solución.


Lo mejor: El original planteamiento narrativo: es uno de los compañeros de la infancia del protagonista, un novelista, quien tras la muerte del Sueco decide hacer un ejercicio de imaginación y escribir lo que cree que podría haber sido su vida.
Lo peor: Lo tedioso de muchos de los pasajes del libro, lo lento que avanza el argumento, la cantidad de páginas dedicadas a relatar la vida industrial de la ciudad de Newark, lugar de nacimiento de Levov (y de Philip Roth).


Reseña: Landline, de Rainbow Rowell

sábado, 25 de julio de 2015


Landline. St. Martin's press. 2014. 308 páginas

Georgie McCool sabe que su matrimonio está en peligro. Lo ha estado desde hace mucho tiempo. Todavía ama a su marido, Neal, y Neal todavía la ama a ella, profundamente, pero eso ahora ya casi que no viene al caso. Quizás nunca vino al caso. Dos días antes de ir a visitar a la familia de Neal en Omaha por Navidad, Georgie le dice a Neal que no puede ir. Escribe guiones para la televisión y algo ha ocurrido con su serie; tiene que quedarse en Los Ángeles. Sabe que Neal se va a disgustar con ella -Neal siempre está un poco disgustado con Georgie-, pero lo que no espera es que él haga las maletas y vuelva a casa con sus hijas y sin ella.



¿Qué harías si tuvieras línea directa, en el sentido más literal posible, con el pasado? ¿Qué harías si, en vez de hablar con tu yo anterior, te dieran la oportunidad de hablar con alguien del pasado siendo tu yo (no tú, yo... menudo lío) del presente? Este es el embrollo existencial tiempo-espacio en el que se mete Rainbow Rowell en su última novela. Un viaje al pasado que, en realidad nunca, llega a ser un viaje al pasado, con un matrimonio a punto de romperse como excusa. El libro fue, además, elegido el mejor título de ficción de 2014 por los lectores de Goodreads.

Georgie McCool escribe guiones de televisión. A dos manos, con su amigo y alma gemela desde la universidad. Ambos están a punto de conseguir su propio show... justo en el momento en que la vida real se interpone entre ellos y sus planes. Y la vida real de Georgie no es poca cosa: sus dos hijas, la Navidad que iban a celebrar en la otra punta del país y su marido, con el que cada vez se entiende peor. Tanto, que cuando ellos se van a Omaha y la dejan sola en Los Ángeles, Georgie ni siquiera sabe si siguen juntos, aunque atascados en un tremendo bache, o si él la acaba de dejar.

damecatoe.tumblr.com
Rainbow Rowell es la ídola suprema de este blog. A veces, incluso, creo que debería cambiarle el nombre por el de Un kilo de libros de Rainbow Rowell. Pero hasta los ídolos supremos fallan. Me engancharon sus historias juveniles, Fangirl y Eleanor & Park, por la facilidad que tiene para tomar ideas aparentemente sencillas y sacarles punta y encanto a sus personajes. Creía que se manejaba igual de bien en el terreno de los adultos; de hecho, hizo su debut lejos de la novela juvenil, con Attachments, un libro igual de encantador. Sí, creía que se manejaba igual de bien en el terreno de los adultos...

Hasta que leí Landline.

No me meto en la parte del argumento farragoso: un viaje en el tiempo que nunca llega a ser tal con una conclusión previsible, pero que hasta tiene su gracia. El principal fallo, y me duele porque es aquello en lo que consideraba a Rowell una maestra, son los protagonistas. Ya en la treintena larga, sus voces no suena en absoluto como las de un adulto. Parecen más bien personajes a los que la autora ha querido darles una edad superior a la que les corresponde. Georgie llega incluso a resultar anodina, mientras que su marido Neal no consigue en las 300 páginas pasar de ser un gruñón casi desconocido para el lector. Al final, lo que ocurriera con su matrimonio me la traía bastante al pairo. Y eso nunca me había pasado con un libro de Rainbow Rowell.


Lo mejor: Todas las referencias culturales de las que se arma Rainbow Rowell en cada uno de sus libros y que le dan cuerpo y carácter al universo que crea. El diálogo, que siempre es fluido, y el estilo, que suena igual de ágil que de costumbre.
Lo peor: El libro pasa por tus ojos y ni la historia ni los personajes dejan algo de huella. Sus protagonistas en teoría son adultos, pero en la práctica parecen jóvenes. Y eso, en una novela adulta, es un grave problema.

Reseña: Un beso en París, de Stephanie Perkins

martes, 17 de febrero de 2015


Un beso en parís. Plataforma neo. 2010. 434 páginas

La Torre Eiffel, Amélie y un montón de reyes que se llaman Luis. Esto es todo lo que Anna conoce de Francia. Por eso, cuando sus padres le anuncian que pasará un año en un internado de París, la idea no acaba de convencerla.Pero, en la Ciudad del Amor, conoce al chico ideal: Étienne St. Clair. Es listo, encantador y muy guapo. El único problema es que también tiene novia. ¿Conseguirá Anna el ansiado beso de su príncipe azul? El humor y la tensión que se respiran página a página en el debut literario de Stephanie Perkins te atraparán y te llegarán al corazón.





Lo mío con Stephanie Perkins fue amor a primera vista. Un flechazo casi tan fulminante como el de Anna con Étienne, los protagonistas de Un beso en París. Ellos tenían París como escenario y telón de fondo, y nosotras tuvimos la colección de relatos cortos navideños My true love gave to me como excusa para conocernos. Me encantó su estilo, su frases ágiles y su humor fresco, así que me decidí a leer su primera novela, que inicia una trilogía de historias de amor juveniles en diferentes partes del mundo. Esta primera arranca en la Ciudad del Amor y de la Luz: París.

En su último curso de instituto, el padre de Anna decide sacarla de su Atlanta natal y enviarla a París, para estudiar en un sofisticado internado para adolescentes estadounidenses. Por el camino, Anna se deja a su madre y su hermano, a su mejor amiga Bridgette y a Toph, su amor de verano, con el que esperaba conseguir algo más antes de tener que irse a la universidad. En tierra parisina, se encuentra con una ciudad tan impresionante como intimidante, a un nuevo grupo de amigos y, sobre todo, a Étienne St. Clair: acento inglés, andares parisinos, pasaporte norteamericano y una sonrisa por la que merece la pena enamorarse. Incluso aunque Anna no deja de maldecir a su padre por haberle arrancado su vida sin pedir permiso antes.

Pandanemar
Un beso en París es como si Stephanie Perkins hubiera tomado el primer amor para, analizarlo, diseccionarlo y luego convertir sus ingredientes básicos (el vuelco en el estómago, las conversaciones interminables, lo inevitable de lo que está a punto de ocurrir) en personajes, diálogos y páginas. Al leer, una tiene esa sonrisa tonta en la boca y esa sensación de plácida caída. Todo aderezado con las imágenes de París que la autora va dibujando en casi cada escena. No sé si disfruté más el hormigueo en el estómago cada vez que Anna y Étienne entablaban conversación o la posibilidad que Perkins nos da de revisitar París con su historia.

Me enganchó la facilidad con la que se navega entre las páginas de Un beso en París. La historia avanza a un ritmo pausado, las conversaciones resultan naturales, los personajes tienen su encanto, Perkins va soltando sus toques de humor de vez en cuando y el escenario de fondo no podría ser mejor. Anna, con sus malas decisiones y sus meteduras de pata, es una protagonista que se hace de querer, sobre todo al ver cómo ese año en París le sirve para madurar y para empezar a valerse y a vivir por sí misma.

En Un beso en París también hay drama, por supuesto, porque es una novela juvenil y porque uno no puede pretender escribir una historia sobre adolescentes sin algo de drama. Anna y Étienne mantienen una mala relación cada uno con su padre y el propio Étienne tiene además un defecto bien visible: una novia.

Ese drama nunca llega, sin embargo, a resultar insufrible ni exagerado. Y ese es el punto fuerte y, al mismo tiempo, la mayor debilidad de Un beso en París, pues el conflicto me resultó bastante plano. Durante toda la lectura la caída sigue siendo plácida, pero eché de menos una sacudida que hiciera las cosas algo más interesantes. Al final, Un beso en París es una historia de amor adolescente sin complicaciones, dulce, que flojea un poco porque nunca llega a explotar. Esperaba un poco más de chispa (o quizás tenía las expectativas demasiado altas), pero sigo confiando en Stephanie Perkins. Todavía me enamora su humor y esa sencillez y naturalidad con la que escribe.


Lo mejor: Las mariposas en el estómago. La sonrisa tonta cada vez que Anna y Étienne comparten página. Lo fácil que Stephanie Perkins hace la lectura. París, París, París.
Lo peor: La historia crece y crece, pero nunca llega a explotar. El drama y el conflicto que se interpone entre el felices-para-siempre resulta algo plano.