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Cinco libros para... empezar 2016

sábado, 2 de enero de 2016


Ya tengo hechos mis deberes lectores para el año nuevo: los retos, los propósitos y los primeros libros a los que quiero hincarle el diente en 2016. El año pasado fui una cobarde y solo me propuse completar el reto general de Goodreads. Logré leer los 45 libros que me marqué como objetivo por los pelos (y con varios meses de sequía lectora de por medio), así que este año subo la apuesta, pero solo un poco. Me quedo con 50 libros para 2016:

2016 Reading Challenge

2016 Reading Challenge
Bárbara has read 0 books toward her goal of 50 books.
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Tengo además un par de listas de recomendaciones para empezar el año de lecturas: la mía, con mis cinco libros para... y la que he elaborado con las sugerencias que me habéis dejado en el sorteo navideño del blog (que, por cierto, todavía estará abierto un par de horas más para quien quiera apuntarse).

Las correcciones, de Jonathan Franzen. Por el simple motivo de que este era el primer libro que pretendía leer este año... hasta que recordé que tenía Ana Karenina a punto de caramelo y desterrado en el cajón de los casi olvidados. En 2015 todo el mundo habló de Pureza, la última novela de Franzen, pero yo prefiero empezar a investigar a este autor con Las correcciones, su tercer trabajo y el que marcó un punto de inflexión en su carrera.

Noches sin dormir, de Elvira Lindo. Uno de los últimos libros que leí en 2015. No es ficción, sino un diario del último invierno que Elvira Lindo y su marido (y también escritor), Antonio Muñoz Molina, pasaron en Nueva York, la ciudad en la que han vivido durante 11 años. Las anotaciones de su día a día en Manhattan comienzan justo un 16 de enero, así que es una lectura perfecta (y muy corta) para este mes.

El nombre del viento, de Patrick Rothfuss. Porque los tochos entran mejor a principios de año, cuando todavía la barrita de Goodreads dice aquello de "You're on track!". Y porque esta saga de fantasía tiene muchas papeletas para convertirse en una de las mejores lecturas del año.

Blacksad, de Juan Díaz Canales y Juanjo Guarnido. Por si alguien tiene ganas de empezar el año con un cómic. Novela negra de manual, con un guion sin demasiadas complicaciones pero con unos dibujos increíbles que superan cualquier carencia. Ah, sí. Y con un gato detective como protagonista, bien elegante y siempre con su gabardina a cuestas para más señas.

Todo se desmorona, de Chinua Achebe. Novela de referencia de la literatura africana contemporánea, puede servir como punto de partida perfecto para el viaje a través del continente africano que os propongo en el reto África 8.000 kilómetros. ¿Alguien se apunta?

vuestras recomendaciones


The fishermen, de Chigozie Obioma Sara, del blog El papel amarillo
Croquetas y wasaps, de Begoña Oro Irene, del blog El pingüino lector (su reseña, aquí)
Invitación al baile, de Rosamond Lehmann Miriam
Flores para la señora Harris, de Paul Gallico Miriam
Cuentos inquietantes, de Edith Wharton Israel
Mujercitas, de Louisa May Alcott Pepi
El padrino, de Mario Puzo Nina, del blog Rapsodia literaria (su reseña, aquí)
El hobbit, de J. R. R. Tolkien Sara, del blog hullosara
H de halcón, de Helen Macdonald Chiara
Persuasión, de Jane Austen Ana
Expiación, de Ian McEwan Neus, del blog La coneja de papel y Beatriz
El abuelo que saltó por la ventana y se largó, de Jonas Jonasson Azalea, del blog Azalea y romero (su reseña, aquí)

Cinco lugares para... encontrar tu próximo libro favorito

jueves, 15 de octubre de 2015


Permitidme que tunee mi propia sección Cinco libros para... y la convierta en un recopilatorio de mis greatest hits sobre cómo dedico horas y horas a rastrear el fondo de Internet en busca de libros y autores nuevos que se escapan de lo que ya conozco. Vamos a huir de los tópicos (vagar por las librerías, Google, las recomendaciones de Amazon que nunca aciertan...) para encontrar lugares algo más atípicos donde puede estar escondido nuestro próximo libro favorito.

Y sí, me he dado cuenta de que el título de la entrada es el mismo que el lema de Goodreads justo después de haberla escrito. A mí se me ocurrió antes (claro).

1. adictos a las listas 

Es inevitable que empiece precisamente por Goodreads. Puede parece una opción muy evidente, pero además de ser útil para copietear lo que leen nuestros vecinos de estantería, esta red social en manos de Amazon esconde otro rincón al que está bien echar de vez en cuando un ojo para encontrar títulos desconocidos: sus listas. Ni solo sirven para votar, ni hablo de las típicas recopilaciones que ya nos sabemos de memoria: esos libros que todo el mundo debería leer al menos una vez en su vida, los mejores títulos de YA de todos los tiempos... En su sección Listopia hay cosas mucho más interesantes, como esta lista para empezar a leer fantasía en la que oh, sorpresa, los cinco tomos de Canción de hielo y fuego no copan los primeros puestos y que incluso tiene sublistas divididas por décadas. Las hay también para explorar literatura por países y continentes (India, África, Japón...), para proponerse leer a más mujeres escritoras o incluso para buscar libros con títulos de lo más poético.

2. libros wiki 

Creo que ya ha pasado la época en la que a todos nos daba vergüenza admitir que sacábamos datos de la Wikipedia, una mina de información que también sirve para descubrir nuevas lecturas. Aunque aquí no vale entrar a lo loco. Hay que llegar con los deberes hechos y con una idea en mente de lo que nos apetece explorar. ¿Que no tenemos ni idea de literatura victoriana y no sabemos por dónde hincarle el diente? La Wiki te lo explica todo y te da nombres de escritores para empezar a investigar. ¿Que nos gusta el rollo escritora-periodista de la última premio Nobel? En el artículo sobre Nuevo Periodismo hay una lista de autores similares para añadir a la estantería de pendientes. Como pequeño truco que ya todos sabréis, es muy recomendable echarle también un vistazo a las entradas en su versión en inglés porque suelen tener más información que en español.

3. #bookstagram

A mí los libros me entran por los ojos e Instagram es mi paraíso. Solo hay que escribir la etiqueta #bookstagram (o #books, o #bookshelf, o #instabook...) para empezar a salivar con fotos bonitas de portadas bonitas... que luego se traducen en más libros en la lista de pendientes. Mención especial se merecen las editoriales, las librerías y algunos autores (ejem, Rainbow Rowell), que inundan la red con sus novedades o con sus clásicos. A mí me pierde la cuenta de Barnes and Noble y, sobre todo, los mil perfiles que tiene abiertos Penguin: la general (en inglés) @penguinbooks, la juvenil @penguinteen, la que me hace babear con las nuevas ediciones de clásicos @penguinclasicos... En español se lo curra mucho la editorial dÉpoca (@depocaeditorial), que muestra todo el proceso que hay detrás de la producción de un libro en la imprenta y tiene una catálogo de lo más atípico lleno de esos títulos y autores de los que nunca había oído hablar que tanto busco.
Una foto publicada por @penguinclasicos el
















4. blogs para enmarcarlos

Me gusta leer blogs que están en sintonía con mis gustos y mis lecturas, pero me gusta todavía más leer esos blogs en los que por regla general no tengo ni idea ni de los libros ni de los autores de los que me hablan. He superado la fase en la que me sentía una lectora ignorante para pasar a aquella en la que me aprovecho de la sabiduría de otros blogueros. Me chiflan especialmente (ahí va el peloteo) Persiguiendo dragones, A través de otro espejo, Trotalibros y Crónicas en ferrocarril.

5. autores con premio

Vivo con la ilusión de que le den el Nobel a alguien que ya haya leído para así poder posturear, pero asumo que eso es algo que nunca va a pasar. Por lo menos me sirve para apuntarme nombres nuevos y luego someterles al tercer grado. Lo mismo ocurre con el resto de premios literarios gordos y, preferiblemente, que no tengan nada que ver con una editorial (Planetas no, gracias): el Booker, el Princesa de Asturias, el Cervantes... (y si queréis rastrearlos, la Wikipedia también tiene una lista para eso). A veces me quedo con los ganadores, en presente y en pasado, y otras con los autores que suenan para llevarse el galardón de turno. Los últimos que he anotado para investigar: Leonardo Padura, Amos Oz y Toni Morrison.

Cinco libros para... ver caer las hojas

martes, 22 de septiembre de 2015




El calendario ya dice que es otoño en este lado del mundo y, aunque las temperaturas no acompañan de momento, yo ya tengo preparada la bufanda para sacarla en cuanto pueda, la manta para enroscarme en el sofá con ella y estos cinco libros recomendados para leer mientras veo caer las hojas. Y me queda una estampa de postal.

Los años de peregrinación del chico sin color, de Haruki Murakami. Otoño es melancolía y melancolía es Murakami. La opción automática habría sido tirar de Tokio Blues, su obra más famosa, pero enseguida me vino a la mente este libro. Tsukuru es ese hombre sin color y sin personalidad que menciona el título, un personaje que se limita a dejar la vida pasar y que guarda una profunda herida desde hace 16 años. La historia trata de oportunidades pérdidas y de épocas pasadas, todo ello envuelto en el peculiar estilo de Murakami, ese que te deja con una pregunta en la cabeza al terminar: ¿Acabo de leer un sueño?

Fangirl, de Rainbow Rowell. El otoño es, además, sinónimo de nuevos comienzos. Con la mochila cargada de libros, de expectativas y de miedos comienza su primer curso en la universidad Cath, la Fangirl de Rainbow Rowell. No le voy a abrir los ojos a nadie mencionando este libro porque es uno de los fijos en la blogosfera, pero no me puedo resistir. Era eso o volver a recomendar a Harry Potter.

La trilogía de Nueva York, de Paul Auster. Ni siquiera recuerdo en qué estación del año se desarrolla esta historia, que en realidad son tres y que en realidad no tienen final. Pero el otoño me parece un momento perfecto para pasear por las calles de Nueva York, en las se desarrolla este trío de misterios policíacos que nunca se llegan a resolver. Tampoco hace falta. Paul Auster traza con maestría el relato de tres personajes que se pierden a sí mismos buscando algo. Si lo llegan a encontrar es lo de menos.

Nada, de Carmen Laforet. Nada es melancolía, también. Y nuevos comienzos. Y opresión, angustia, suciedad, violencia, desesperanza. Todo cargado, al mismo tiempo, de la emoción más intensa y de la sensación de la más absoluta nada. No lo reseñé en su momento y me arrepiento porque es una de las mejores lecturas con las que me he topado en los últimos años. Leedlo. Da igual que sea otoño o no. Leedlo.

¿Hay alguien ahí fuera?, de Marian Keyes. Mi ídola suprema, junto con Rainbow Rowell. Tiene el don de hacerme pasar de la lágrima a la risa en cuestión de un párrafo. Pero con ¿Hay alguien ahí fuera?, la historia de la más desconocida de las hermanas Walsh, Keyes me tuvo con con el pañuelo en la mano prácticamente desde el principio hasta el final. Y cualquier otra cosa que diga sobre el libro es un spoiler, así que ahí me quedo.

Cinco libros para... leer con un mapa

domingo, 23 de agosto de 2015


Algunos libros no necesitan ni siquiera un índice para situar al lector; le llevan de un lado para otro sin darle ni una pista para que pueda saber dónde se encuentra en cada momento de la historia. Pero hay otros en los que un buen mapa no solo nos sacará de un apuro, sino que va a ser un instrumento imprescindible para leer. Como la luz y el marca páginas.

Y yo no puedo evitarlo. Cuando abro un libro y lo primero con lo que me encuentro es un mapa, siempre pienso que ese es un gran comienzo. Así que aquí van cinco títulos en los que vais a necesitar saber por dónde pisáis. 

Saga Canción de hielo y fuego, de George R. R. Martin. Sí, Invernalia está al norte y Dorne, al sur. Pero, ¿y todo lo que queda en el medio? ¿Y lo que está más allá de las tierras de Poniente? ¿Y esos nombres de ciudades, lagos, caminos, colinas y demás fauna topográfica con la que Martin llena páginas y páginas de sus libros (esos que ahora prefiere no escribir para spoilearnos a los lectores que no vemos la serie)? Si todavía no has empezado la saga, asúmelo: vas a tener que leerla con un mapa en la mano. 

Saga Crónica del asesino de reyes, de Patrick Rothfuss. La geografía de Temerant, el mundo en el que se desarrolla esta saga también fantástica y también incompleta, es menos compleja que la de Juego de Tronos, pero ir con brújula entre sus páginas es igual de necesario. En el primer libro, al menos, lo único realmente imprescindible es saber dónde queda la Universidad, en cuyos dominios se desarrolla la mayor parte de la historia. Creo que con el segundo, que espero empezar en breve, voy a tener que consultar más a menudo el mapa.

Red queen, de Victoria Avenyard. Otro de esos libros que, antes de empezar con las letras y los párrafos, lo hace con los planos. La historia se desarrolla en Norta, un reino en guerra a medio camino entre lo medieval y lo actual, gobernado por una especie de semidioses con poderes mágicos, los Plateados, que tienen oprimidos a los Rojos, meros mortales. Es una trilogía juvenil, de la que seguro que ya habéis oído hablar y mucho porque este otoño se publica el primer y, de momento único libro disponible, en español.

Kioto, de Yasunari Kawabata. Porque no solo la fantasía tiene sus propias coordenadas. Kioto no incluye ningún mapa entre sus páginas, pero mientras lo leía me vi consultando Google varias veces para ubicar todos esos rincones de la antigua capital japonesa que Kawabata menciona en su novela. La historia gira alrededor del momento en el que Chieko, una joven criada por una familia de comerciantes, descubre que tiene una hermana melliza. Pero al final me quedé con la sensación de que la ciudad, con sus secretos y su melancolía de lo que una vez fue, es la verdadera protagonista.

El Imperio, de Ryszard Kapuscinski. En teoría, lo que cuenta en sus crónicas y en sus libros este periodista polaco, gran reportero del siglo XX, es el relato de lo que ocurrió en realidad, libre de toda ficción. En la práctica, algunos han dudado de la veracidad al cien por cien de sus grandes reportajes, escritos con tanto detalle que es humanamente imposible que todo lo que cuenta sucediera tal y como lo cuenta. Pero qué bien lo hace. El Imperio recopila varios de los viajes que realizó a la URSS. Entre 1989 y 1991, con el sistema a punto de derrumbarse, Kapuscinski visitó 15 territorios diferentes. Sí, 15. Y yo, que soy nula en geografía, no tuve más remedio que echar mano de Google casi en cada página.

Cinco libros para... los que se quedan sin vacaciones

domingo, 5 de julio de 2015


Si estás leyendo esto desde la playa, que sepas que mereces mi odio infinito. O, al menos, hasta que termine el verano. No es nada personal. Solo mi mala suerte, que me deja sin playa otro año más (y ya van...). 

Si estás leyendo esto desde la oficina, bien porque vives en el hemisferio sur o bien porque eres tan pringado como yo, bienvenido. Porque entre tanta lista y recomendación de lecturas para llevarse a la playa, rebozar los libros de arena y devorar capítulos entre mañanas de tumbona y tardes de siesta, los que nos toca quedarnos el verano en el trabajo (o buscándolo) también nos merecemos un poco de atención. Así que aquí van cinco libros para... los héroes que se quedan sin vacaciones.

Harry Potter y las reliquias de la muerte, de J. K. Rowling. Julio es el mes de Harry casi desde que tengo memoria lectora. Porque la historia comenzó un 30 de julio y porque he vivido unos cuantos veranos esperando ansiosa por un nuevo libro. Recuerdo sobre todo ese julio en el que cerré este último capítulo de la saga. Era 2007, estaba a punto de empezar la universidad y ese verano fue uno de los últimos que me pasé sin hacer nada y sin sentirme culpable por ello. Qué vida aquella.

Pastoral americana, de Philip Roth. Mi lectura actual. Solo llevo unas 100 páginas, así que de momento apenas sé lo que me parece. Lo incluyo no porque sea una historia veraniega ni especialmente apta para esta época del año, sino porque está siendo el libro que me llevo los fines de semana a la piscina (municipal, la vida de los pobres es así). Solo por lo mal que lo trato, dejándolo tanto tiempo al sol, se merece un hueco en esta lista.

Sombra y hueso, de Leigh Bardugo. El verano, ya sea a la orilla del mar o en mitad del asfalto de la ciudad, es para los placeres culpables. Y a mí las sagas juveniles me pierden. La trilogía Grisha, además de enganchar, tiene un nivel más que aceptable.

Brooklyn Follies, de Paul Auster. Porque tiene el encanto de esos libros que no les hace falta contar ninguna historia extraordinaria ni fuera de lo normal para llamar la atención. Y los dos párrafos finales, siendo tan espontáneos y aparentemente ordinarios como el resto de la novela, son de los pocos que se me han quedado marcados en la memoria.

Matar a un ruiseñor, de Harper Lee. Su precuela durante años perdida, Ve y pon un centinela, sale el próximo 15 de julio y tiene todas las papeletas de convertirse en uno de los títulos imprescindibles de este verano. Pero yo tengo Matar a un ruiseñor todavía en mi lista de pendientes desde tiempos inmemoriales, así que me quedo con el clásico para mi lista.

Se aceptan más recomendaciones para llevar mejor esta época de mier** e intentar paliar esta sequía lectora que sufro desde hace un tiempo y me ha dejado sin nada interesante que decir en el blog estos últimos meses. Vuelvo con cautela y con la esperanza de retomar el ritmo lector y bloguero.

Cinco libros para... los 364 días del año que no son San Valentín

domingo, 15 de febrero de 2015



¿Más San Valentin? Cuando creíais que ya habíamos dejado atrás la sobredosis de corazones, de color rosa y de hashtags en Twitter para celebrar el día de los enamorados (y de la amistad, claaaaaaro), llego yo con esto. En mi defensa diré que mi intención era hacer una entrada lo más opuesta al espíritu de San Valentín. Por eso he reunido cinco libros con algo en común: todos encierran una historia de amor que, por el motivo que sea, está libre de pasteleo y prescinde de cualquier recurso facilón con el que sacar al lector una sonrisilla tonta. Son historias de amor anti-San Valentín.

Jane Eyre, de Charlotte Brönte. En mi otra vida de escritora, esta es la historia de amor que me gustaría escribir. Me estrujó el corazón y el estómago, me hizo sonreír y llorar, sufrir y respirar aliviada. Sin azúcar, ni melodrama innecesarios. Solo con la conversación inteligente y la conexión magistralmente trazada entre Jane Eyre y el señor Rochester, dos personajes brillantes.

El lado bueno de las cosas, de Matthew Quick. En teoría, es lo opuesto a una comedia romántica. Sobre el papel, me resultó una de las comedias más románticas y desternillantes que he leído. A su manera. Sobre todo la parte del romanticismo. Pat, el protagonista, acaba de salir de un centro para personas con enfermedades mentales y está dispuesto a recuperar a su mujer. Entonces conoce a Tiffany, viuda y con una reputación en cuanto a los hombres muy mala a sus espaldas. Pocas parejas me he encontrado en las páginas de un libro tan disfuncionales, divertidas y entrañables como esta.

Divergente, de Veronica Roth. Una de las cosas más refrescantes de la saga Divergente es que se aleja de lo que parece haberse convertido en un ingrediente básico en toda novela juvenil: el triángulo amoroso. Lo sufrí en Crepúsculo y en Los juegos del hambre, lo estoy sufriendo en la trilogía Grisha e incluso tuvimos un conato en Harry Potter (que quedó en nada, por suerte). En Divergente no hay rastro de drama a tres bandas y se agradece. Como también se agradece que la relación de Tris y Cuatro apenas tenga azúcar.

Americanah, de Chimamanda Ngozi Adichie. Americanah sigue a través del tiempo y del mundo la historia de amor de Ifemelu y Obinze, rota por el estallido de protestas populares en la Nigeria natal de ambos. Desde que ella dejara el país rumbo a Estados Unidos, siendo adolescentes, ambos han cometido errores. Han conocido a otras personas y han rehecho su vida. El recuerdo del primer amor está envenenado y muy lejos del ideal que ellos guardan en su cabeza, pero la autora logra retratar una relación tan maltratada por el paso del tiempo, como real por lo complejo de sus protagonistas.

El club de la lucha, de Chuck Palahniuk. No se me ocurre pareja más anti-romántica para cerrar este capítulo de historias de amor anti-San Valentín que la que forman Marla Singer y el protagonista de El club de la lucha, cuyo nombre, por cierto, nunca llegamos a saber. 

Cinco libros para... sacar de la estantería en 2015

sábado, 10 de enero de 2015


Desde que estrenamos nuevo año no hago más que leer sobre retos lectores para 2015 en la blogosfera. Es enero y es lo que toca. Y ocurre que llaman la atención. Que me quiero apuntar a todos. Y que luego me arrepiento. Así que he decidido que este año voy a relajarme. Prefiero quedarme alejada de cualquier reto lector para no repetir el fracaso estrepitoso de 2014. Y para disfrutar de la lectura sin tener que pensar en si llego o no a alcanzar todo lo que me propuse. Solo me he marcado el tradicional desafío de Goodreads con 45 libros (tirando por lo bajo, que luego sé cómo se complica el año)...

2015 Reading Challenge

2015 Reading Challenge
Bárbara has read 0 books toward her goal of 45 books.
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... y una pequeña lista de títulos para sacar de la estantería y leer sí o sí este 2015:

Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez. Ya ni recuerdo hace cuánto tiempo que lo tengo en la estantería, esperando pacientemente su turno para ser leído. Creo que lo he empezado un par de veces, nunca en serio y nunca más allá de las primeras páginas. Este año tengo el propósito de leer más literatura escrita en castellano, empezando por Cien años de soledad.

País de nieve, de Yasunari Kawabata. Llevo tiempo queriendo hacerme con este título, que siempre que voy a la librería nunca encuentro. Me gustó Lo bello y lo triste, lo único que he leído de este autor japonés y Nobel de literatura, así que en 2015 espero repetir.

Un beso en París, de Stephanie Perkins. Es uno de los libros que con más ganas espero leer este año, sobre todo después de conocer y enamorarme de su autora cuando leí uno de sus relatos incluido en My true love gave to me. Tengo puesto el listón de expectativas muy alto con ella.

Ana Karenina, de León Tolstói. Cada vez que veo en Goodreads la fecha en que lo empecé, siento vergüenza: 14 de diciembre... de 2013. Antes de que llegue la primavera, tengo que terminarlo. Apenas me quedan unas 200 páginas, me está gustando y recuerdo prácticamente todo lo que llevo leído, pero es tan tocho y tan pesado que se me hace imposible llevármelo a todas partes conmigo, así que al final siempre acabo abriendo otros libros para llevar de camino al trabajo en el metro, que luego me distraen, que luego termino, que luego vuelvo a empezar otros... Y llevo repitiendo el mismo proceso durante todo un año.

El principito, de Antoine de Saint-Exupéry. Lo incluyo en la lista aprovechando que los Reyes Magos me han traído una edición bien bonita para disfrutar de la historia.

Cinco libros para... leer bajo el árbol de Navidad

lunes, 22 de diciembre de 2014



Voy a customizar el famoso Top Ten Tuesday que organiza el blog The Broke and The Bookish porque no me da la vida para seguir el ritmo y porque las listas de diez libros se me hacen interminables, así que de vez en cuando dejaré por aquí una recopilación de cinco libros para... en esta ocasión lo que toca, leerlos debajo del árbol.

Me ha salido una lista variada y sin mucho sentido, algunos los he leído ya y otros los sumo a mi estantería de pendientes:

Canción de Navidad, de Charles Dickens. Para empezar por lo obvio y por lo clásico. Aunque me sepa de memoria la historia del señor Scrooge, todavía no la he leído. Estoy buscando una edición bonita para leerla ahora en vacaciones, pero no encuentro ninguna que me convenza.

Mujercitas, de Louisa May Alcott. Siguiendo con los clásicos, apunto también Mujercitas a la lista. Leído ya en la prehistoria de mi infancia, apenas me acuerdo de nada, excepto que a Jo la amaba y la odiaba según la página en la que me encontrara. 

My true love gave to me, editado por Stephanie Perkins. Uno de mis nuevos vecinos en la estantería. Son doce historias de amor navideñas escritas por otros doce autores de literatura juvenil. Leído ya también, en breve subo la reseña. Hay relatos muy buenos y otros no tanto, pero merece la pena echarle un ojo. Aunque solo en estas fechas, en otro momento creo que me daría mucha pereza porque contiene una sobredosis importante de Navidad.

Un recuerdo navideño, de Truman Capote. Aprovechando que estoy leyendo A sangre fría, me apunto en la lista este cuento que nos devuelve la memoria y los recuerdos de la infancia de Capote en Alabama. 

Harry Potter y el cáliz de fuego, de J. K. Rowling. Y aquí está la parte de las elecciones sin sentido porque las Navidades aparecen en los siete cursos de Hogwarts, pero las de El cáliz de fuego (mi libro favorito de la saga) siempre me han parecido las más especiales por ese baile para "confraternizar con el enemigo" en mitad del Torneo de los Tres Magos. Y así aprovecho e inauguro mi etiqueta de Harry Potter en el blog, que ya era hora.

¿Cuáles son vuestras recomendaciones navideñas?