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Reseña: La reina roja, de Victoria Aveyard

jueves, 8 de octubre de 2015


Océano Gran Travesía 2015 480 páginas


Ambientada en un reino imaginario, esta novela nos muestra a una sociedad dividida por el color de la sangre. Por un lado está la gente común que tiene sangre roja; por el otro, aquellos que poseen sangre plateada y que tienen habilidades sobrenaturales. La protagonista es Mare, una chica de sangre roja que sobrevive en medio de la pobreza realizando pequeños robos. Cierto día, el azar la lleva a la corte, donde demuestra tener poderes especiales. Ello la convierte en una anomalía que llama la atención del mismísimo rey, que la hace pasar por una princesa.

Reseña

Hay algo que odio y a la vez disfruto: empezar a leer una saga que no está terminada (hablamos de casos razonables en los que esperas un libro por año... no de ti, Martin). Y si de sagas con bien de hype se trata, este año no hay quien le haga sombra a La reina roja, que consiguió llamar la atención de Hollywood antes incluso de que saliera a la venta (en inglés en enero y en español esta semana). Mare, su protagonista, vive en Norta, un reino dividido por el color de la sangre: en la parte baja de la jerarquía sobreviven a duras penas los rojos, meros mortales oprimidos y destinados a una existencia sumida en la pobreza; en la cúspide gobiernan los plateados, con poderes mágicos y organizados en un sistema de grandes familias con intereses enfrentados y bajo el mando de un rey. Cuando Mare acaba en el palacio real y por accidente descubre que ella, a pesar de su sangre roja, también tiene poderes, el monarca solo tiene un objetivo en mente: ocultar su identidad.

Esta es una de esas sagas que cogen un poquito de allí y otro de acá. La opresión y la sensación de constante vigilancia de otras series juveniles, como Divergente, o incluso de clásicos, como 1984. La creación de un mundo dividido en dos grandes grupos, el de los opresores y los oprimidos, separados por los poderes mágicos, algo que ya hizo Leigh Bardugo en la trilogía Grisha. La lucha de los débiles contra el poder establecido que guía Los juegos del hambre. Y aunque no he leído Red rising, sí me he topado con críticas que señalan que la cantinela aquella de separar a los personajes por el color de su sangre ya estaba inventada.

Mapa de Norta
A mí todas esas inspiraciones no me importan, siempre que no canten mucho y que los ingredientes estén bien cocinados. Pero en La reina roja creo que la cocción se queda a medias. Mare es una protagonista a medio gas, que engancha según la página y exaspera cuando cae en una ingenuidad algo exagerada. Al menos tiene determinación, es valiente y creo que puede dar mucho más de sí. Le rodea un enjambre de personajes que ocultan su verdadero rostro, de nobles y príncipes que se sonríen a la cara, mientras por la espalda se dan una puñalada (y vuelve la inspiración, porque esa lucha entre familias me recuerda a Canción de hielo y fuego). Hay, por supuesto, un triángulo amoroso totalmente prescindible, pero que sirve para alimentar algún que otro giro argumental inesperado.

El libro es uno de esos page-turners que tanto les gusta decir a los anglosajones. Lees y lees y, cuando te das cuenta, ya has terminado. Aunque me dejó esa sensación de una historia a medio cocer, durante la lectura encontré algo que me planteó un dilema moral. Sin hacer spoilers, sí puedo decir que hay un momento en el que Mare decide intentar dinamitar el sistema desde dentro y se une a un grupo de rebeldes que lo que hacen es... bueno, planear atentados terroristas. Creo que la palabra terrorismo no se llega a mencionar en el libro, pero la protagonista participa sin duda en uno de esos ataques. Es algo que no había visto hasta ahora en un libro juvenil: me vienen a la mente Los juegos del hambre y Divergente, pero en ambos casos la lucha contra el poder se planteaba más en términos de guerra y batalla. A ratos me pareció que en La reina roja el tema se trataba con demasiada ligereza, pero creo que al final la autora supo proyectar bien ese dilema moral (y sus consecuencias) en la mente de la protagonista y trasladarlo a los lectores.

Lo que más me desconcertó de este primer libro de la saga es el propio mundo en el que se desarrolla la historia: no alcanzo a averiguar si es una distopía futurista o un universo puramente fantástico. Hay magia, pero también cámaras. Hay reyes y un sistema de gobierno medieval, pero en los hogares se encienden televisiones y en las ciudades abundan las cafeterías. Creo que ese mundo en el que respira La reina roja queda en un esbozo. Algo similar me ocurre con la propia historia. Tampoco me preocupo. Es solo el principio. No me ha enamorado, pero tiene potencial para mejorar mucho.


lo mejor
Es solo el principio. La saga tiene mucho espacio para desarrollarse. El ritmo es rápido, hay giros (más o menos) inesperados y la protagonista tiene una determinación y valentía que no suele abundar en las novelas juveniles.
lo peor
Lo mismo: es solo el principio. Tanto la historia como el propio mundo en el que se desarrolla la trama no están bien explicados, sino que en este primer libro parecen más bien solo un atisbo de lo que la autora tiene en mente.

Reseña: El temor de un hombre sabio, de Patrick Rothfuss

martes, 29 de septiembre de 2015


Plaza & Janés 2011 1190 páginas


"Hay tres cosas que todo hombre sabio teme: el mar durante la tormenta, una noche sin luna y la cólera del hombre afable". La rivalidad con un poderoso noble obliga a Kvothe a dejar la universidad y buscar fortuna en el extranjero. Sin rumbo y sin dinero viaja a Vintas, donde no tarda en verse enredado en la política de una sociedad distinguida. Mientras intenta congraciarse con un poderoso noble, descubre un intento de asesinato y conduce a un grupo de mercenarios a tierras remotas para solucionar el misterio de quién está abordando a los viajeros del camino del rey.

Reseña

Llevo unos cinco minutos delante de la pantalla pensando qué escribir en esta reseña que no sea un simple: leedlo. Así que como no sé por dónde empezar, vamos a lo básico: El temor de un hombre sabio es la segunda parte de la trilogía (inconclusa) Crónica del asesino de reyes. Es fantasía, novela de aventuras aderezada con buenas dosis de magia, en un mundo fantástico muy bien construido y con un personaje protagonista de diez. El temor de un hombre sabio es, sobre todo, una historia terriblemente bien contada. Y ese es el mejor piropo que le puedo echar a un libro.

Empecé a leer los tochos considerables que escribe Patrick Rothfuss (el primero tiene más de 800 páginas y este segundo casi 1200) por la morriña que me dejó Canción de hielo y fuego al terminar el quinto libro. Quería seguir explorando en el terreno de la fantasía, pero no tenía ni idea de por dónde hincarle el diente. Y ahí estaba la historia de Kvothe, a buen precio, en edición de bolsillo y con críticas que lo ponían por las nubes. Me lancé, me enganché y lo disfruté incluso más que Juego de tronos. Y eso que, a pesar de que comparten la etiqueta de fantasía con tintes medievales, no tienen nada que ver: a este le falta sangre y todas esas intrigas políticas con las que Martin teje sus libros.

Pero no importa en absoluto. El ritmo es ágil y las páginas van pasando sin que uno se dé apenas cuenta. Con una trama considerablemente más sencilla —sencilla si la comparamos con la enciclopedia que es Martin, claro, pero mucho más compleja que la media— consigue un tono épico muy logrado. Y el mérito se lo lleva su protagonista. Kvothe. Músico, huérfano, arcanista, caradura y leyenda por sus logros pero también por las historias que cuenta para agrandar su mito. Comienza su andadura en las calles de Tarbean, la capital del reino, con sus padres muertos y luchando por sobrevivir. Gracias a su inteligencia consigue acceder a la Universidad, el lugar donde se preparan los arcanistas, una rara avis a medio camino entre mago y científico. Y en este segundo capítulo de su historia, empieza a viajar, a ver mundo y a convertirse en el héroe del que todos hablarán después.

Kvothe está lejos de ser un personaje modélico. Al principio no es más que un adolescente prepotente, tan increíblemente inteligente como gilipollas. Rothfuss se encarga, sin embargo, de que la vida le dé unos cuantos golpes y lecciones. En el primer libro apenas hay evolución y a ratos me resultó fastidioso lo cargante y marisabidillo que era. Pero aquí Kvothe, fuera de los muros de la Universidad, enfrentado a situaciones y a personajes diferentes, comienza a madurar. Siempre sin perder ese toque caradura que le hace irresistible.

A esa maravilla de protagonista que carga con la historia sobre sus hombros le acompaña un mundo fantástico y un catálogo de personajes secundarios de esos de los que da pena desprenderse cuando terminas de leer. En la línea del poema épico, Kvothe centra siempre la acción y por eso en la primera parte, El nombre del viento, apenas atisbamos los confines de Temerant, el mundo en el que se desarrolla la historia. Ahora que el protagonista emprende camino hacia diferentes rincones, Rothfuss va desvelando poco a poco —siempre en pequeñas y frustrantes dosis—los engranajes políticos y sociales que hacen funcionar su fantasía.

La historia tiene otro misterio añadido, pues está contada en dos tiempos: el pasado, que el propio Kvothe narra en primera persona; y el presente, en el que el protagonista aparece derrotado, sin magia y sin fuerzas, aunque todavía no sabemos por qué. Rothfuss se ha sumado al carro de Martin de alargar el sufrimiento de sus lectores entre libro y libro, yo soy del club que odia empezar sagas sin terminar (y aquí estamos) y sé que si engancho a alguien a una trilogía inconclusa soy mala persona, pero... leedlo.



lo mejor
Kvothe, el tono épico, el gusto por contar bien una historia, sin recortar hasta desvirtuarla y sin cargarla de detalles innecesarios (por increíble que parezca al ver las casi 1200 páginas).
lo peor
Solo una cosa: que la saga no está terminada.


Recuento #7: Agosto 2015

sábado, 5 de septiembre de 2015

Soy feliz porque Goodreads me dice que solo llevo ocho libros de retraso con respecto a mi reto de este año. Sí, suena mal, pero no he conseguido leer ni la mitad de lo que me propuse, así que permitidme que piense en positivo. En agosto le he dado un pequeño empujón a mi estantería y he conseguido tachar seis libros (!) de mi lista de pendientes. Y sin vacaciones de por medio.

Ahí va el recuento, del que por el momento solo han caído dos reseñas (Isla está en camino y Red Queen me lo guardo para cuando salga en español este otoño):




Nuevos vecinos en la estantería #7

miércoles, 26 de agosto de 2015



Creía que no tenía mucho material nuevo que enseñar porque estos meses me he reprimido mucho de ir a librerías (o de entrar en Amazon, o en Booky, o en...), pero he juntado mis últimas adquisiciones para la foto y cuento más de las que pensaba. Algunas ya están leídas, otras esperan su turno.

La chica del tren, de Paula Hawkins. Ese libro del que no puedes escapar este verano. Campaña de marketing perfecta para un completo bluff. Tengo la reseña ya preparada y lo único bueno que puedo decir es que, por lo menos, se lee de una sentada.

El temor de un hombre sabio, de Patrick Rothfuss. Reciclado de la entrada de libros para leer con mapas. Es la segunda parte de las Crónicas de un asesino con reyes, lleva casi un mes en mi estantería y el primer libro me gustó tanto que el único motivo para que no le haya hincado ya el diente es una pésima combinación entre lo tocho que es + ya estamos casi en septiembre + voy de culo con mi reto de leer 45 libros este año.

Persuasión, de Jane Austen. La joya. Me enamoré de estas ediciones especiales de Penguin de la obra de Jane Austen hace unos meses cuando vi una foto en Internet. En marzo fui a Nueva York y ahí estaban, en Barnes & Noble: tan bonitas, tan caras, mi bolsillo tan vacío... solo me pude llevar uno.

Isla and the happily ever after, de Stephanie Perkins. Me gustó Ana, Lola me dejó fría y todavía tengo esperanzas en Isla. Aunque solo sea porque Nueva York aparece como telón de fondo en el último libro de la trilogía de historias de amor juvenil de Perkins. Nota aparte, totalmente irrelevante: qué monas quedan en la estantería.

Red queen, de Victoria Aveyard. Lo mencionaba también en mi última entrada sobre libros para leer con un mapa en la mano y, desde entonces, me lo he ventilado. Es el primero de una trilogía juvenil de fantasía hypeada hasta la saciedad y, aunque no me ha vuelto loca, promete.

Relato de un náufrago, de Gabriel García Márquez. Me había marcado como propósito lector de 2015 sacar de la estantería Cien años de soledad para sacudirle el polvo y leerlo de una vez. Voy a ser honesta: este año no va a ocurrir. Pero quiero estrenarme con Gabo igualmente, así que su primer libro me parece una buena forma de hacerlo.

Cinco libros para... leer con un mapa

domingo, 23 de agosto de 2015


Algunos libros no necesitan ni siquiera un índice para situar al lector; le llevan de un lado para otro sin darle ni una pista para que pueda saber dónde se encuentra en cada momento de la historia. Pero hay otros en los que un buen mapa no solo nos sacará de un apuro, sino que va a ser un instrumento imprescindible para leer. Como la luz y el marca páginas.

Y yo no puedo evitarlo. Cuando abro un libro y lo primero con lo que me encuentro es un mapa, siempre pienso que ese es un gran comienzo. Así que aquí van cinco títulos en los que vais a necesitar saber por dónde pisáis. 

Saga Canción de hielo y fuego, de George R. R. Martin. Sí, Invernalia está al norte y Dorne, al sur. Pero, ¿y todo lo que queda en el medio? ¿Y lo que está más allá de las tierras de Poniente? ¿Y esos nombres de ciudades, lagos, caminos, colinas y demás fauna topográfica con la que Martin llena páginas y páginas de sus libros (esos que ahora prefiere no escribir para spoilearnos a los lectores que no vemos la serie)? Si todavía no has empezado la saga, asúmelo: vas a tener que leerla con un mapa en la mano. 

Saga Crónica del asesino de reyes, de Patrick Rothfuss. La geografía de Temerant, el mundo en el que se desarrolla esta saga también fantástica y también incompleta, es menos compleja que la de Juego de Tronos, pero ir con brújula entre sus páginas es igual de necesario. En el primer libro, al menos, lo único realmente imprescindible es saber dónde queda la Universidad, en cuyos dominios se desarrolla la mayor parte de la historia. Creo que con el segundo, que espero empezar en breve, voy a tener que consultar más a menudo el mapa.

Red queen, de Victoria Avenyard. Otro de esos libros que, antes de empezar con las letras y los párrafos, lo hace con los planos. La historia se desarrolla en Norta, un reino en guerra a medio camino entre lo medieval y lo actual, gobernado por una especie de semidioses con poderes mágicos, los Plateados, que tienen oprimidos a los Rojos, meros mortales. Es una trilogía juvenil, de la que seguro que ya habéis oído hablar y mucho porque este otoño se publica el primer y, de momento único libro disponible, en español.

Kioto, de Yasunari Kawabata. Porque no solo la fantasía tiene sus propias coordenadas. Kioto no incluye ningún mapa entre sus páginas, pero mientras lo leía me vi consultando Google varias veces para ubicar todos esos rincones de la antigua capital japonesa que Kawabata menciona en su novela. La historia gira alrededor del momento en el que Chieko, una joven criada por una familia de comerciantes, descubre que tiene una hermana melliza. Pero al final me quedé con la sensación de que la ciudad, con sus secretos y su melancolía de lo que una vez fue, es la verdadera protagonista.

El Imperio, de Ryszard Kapuscinski. En teoría, lo que cuenta en sus crónicas y en sus libros este periodista polaco, gran reportero del siglo XX, es el relato de lo que ocurrió en realidad, libre de toda ficción. En la práctica, algunos han dudado de la veracidad al cien por cien de sus grandes reportajes, escritos con tanto detalle que es humanamente imposible que todo lo que cuenta sucediera tal y como lo cuenta. Pero qué bien lo hace. El Imperio recopila varios de los viajes que realizó a la URSS. Entre 1989 y 1991, con el sistema a punto de derrumbarse, Kapuscinski visitó 15 territorios diferentes. Sí, 15. Y yo, que soy nula en geografía, no tuve más remedio que echar mano de Google casi en cada página.

Reseña: American Gods, de Neil Gaiman

jueves, 20 de agosto de 2015


Roca Editorial 2001 560 páginas


Días antes de salir de prisión, la mujer de Sombra, Laura, muere en un misterioso accidente de coche. Aturdido por el dolor, emprende el regreso a casa. En el avión, se encontrará con el enigmático señor Miércoles, que dice ser un refugiado de una guerra antigua, un dios y también el rey de América. Juntos se embarcan en un viaje extraño a través de los Estados Unidos, mientras una tormenta de dimensiones épicas amenaza con desencadenarse.


Reseña

Empecé a leer American Gods con miedo y una brújula. Con miedo porque había escuchado tantas cosas buenas sobre el autor, que la historia entre Neil Gaiman y yo solo podía tener un final posible, el de la decepción. Y con una brújula, la que el propio autor nos da en la nota que sirve de preludio a la historia. Gaiman se hizo una pregunta antes de empezar a escribir: ¿qué ocurre con los dioses y con los mitos una vez que aquellos que les alimentan con su fe deciden emigrar? Esa es la misma pregunta que me sirvió de guía para adentrarme en el viaje por carretera a través de Estados Unidos que emprende Sombra, un expresidiario que, tras perder a su mujer, comienza a trabajar para un timador. El señor Wednesday resulta ser un dios. Y hay muchos más como él ahí fuera.

Casi 500 páginas y cientos de kilómetros recorridos después, todavía no sé de qué va American Gods. Y ese es el mejor piropo que le puedo echar. Contaba Gaiman en una entrevista poco después de que se publicara, en 2001, que una periodista había intentado sonsacarle una definición de su obra en apenas una frase. "Es un libro de asesinatos", respondió él. "Pero, ¿no es ciencia ficción?". "Sí, si lo quieres mirar de esa manera". "¿Es un thriller?". "Espero que sí": "¿Fantasía?". "Sí". "¿Terror?". "Sí, y también es literatura mainstream".

Thriller, fantasía, ciencia ficción, una historia de amor y también un cuento sobre la identidad de Estados Unidos. Nunca lo etiquetarán como gran novela americana, ese gran cajón de historias serias que aspiran a retratar y a captar la esencia estadounidense en una etapa histórica concreta, pero bajo todas las capas de fantasía y mitología, de dioses venidos a menos y de fieles que se han olvidado de ellos, American Gods es una radiografía precisa del país... irónicamente escrita por la pluma de un inglés. Gaiman muestra un pueblo que se sostiene sobre las raíces de la inmigración, una tierra que no es en absoluto un buen lugar para los dioses, pero en la que las deidades (las antiguas y las nuevas: la televisión, la tecnología, el éxito...) se adaptan como propias para poco después tirarlas a a la basura a un ritmo vertiginoso.

Yo añadiría que American Gods es, sobre todo, una historia de timadores y de trucos de magia. Y el primero en ponerlos en práctica es el propio Gaiman, que distrae la atención del lector para ocultar partes importantes de la acción en el mejor lugar en el que se puede esconder algo: justo debajo de nuestras narices. El argumento da tantas vueltas, está tan cargado de detalles y de metáforas, de subtramas y de carreteras secundarias, que si miras hacia el lugar incorrecto de la página, te estás perdiendo algo. Y Gaiman consigue que mires hacia otro lado siempre que él quiera.

Lo más sorprendente de todo es la facilidad con la que esa historia tan compleja y tan llena de todo (de personajes, de significados, de lugares) se va desarrollando. Es de ese clase tan insólita de libros en los que puedes llevar 100, 200, 300 páginas leídas sin tener ni idea de hacia dónde pretende llevarte el autor. Pero, ¿qué importa? Está tan bien escrito, que eso es lo de menos.


lo mejor
Es aquella máxima de hacer pasar por fácil algo tremendamente complicado hecha libro. Vas a ciegas durante la mayor parte del camino, pero con la certeza de que el conductor sabe perfectamente hacia dónde quiere llevarte. Hay una serie de televisión en camino.
lo peor
Nada. Salvo que voy a tener que emplear tiempo en darle una relectura para intentar cazar todo aquello que se me escapó la primera vez. Y eso ni siquiera es algo malo.


Recuento #5: Febrero 2015

domingo, 1 de marzo de 2015

Para lo corto que es, parece mentira lo mucho que me ha cundido febrero. Hago recuento y el mes me deja un cómic más de Blacksad leído (ya sólo me queda uno), el fin de la saga Grisha (pena infinita y quién lo iba a decir, con lo mal que empezamos) y mi estreno con Stephanie Perkins. Ah, sí. Y un marcapáginas perdido, probablemente en las profundidades de mi sofá. 

Además sigo atascada con Ana Karenina (algún día...) y ya me he ventilado la mitad de El nombre del viento. Tiene casi 900 páginas y ya me parecen pocas. De reseñas ando escasa este mes, dejo aquí la única que llevo publicada de momento: 





Nuevos vecinos en la estantería #6

miércoles, 11 de febrero de 2015


Toca hacer recuento de los últimos libros a los que he tenido que hacerle hueco en la estantería. Este me ha quedado un poco (bastante) monográfico entre Stephanie Perkins y Leigh Bardugo. Es la maldición de las sagas. Que no te dejan dinero para más.

El nombre del viento, de Patrick Rothfuss. No sé si os ha pasado alguna vez. De esto que desde hace tiempo que conoces un libro. Lo has visto en la tienda, algún conocido tuyo lo ha leído, nunca te ha llamado la atención. Y, de repente, no sabes muy bien por qué, sientes la urgente necesidad de leerlo. Eso me ha ocurrido con El nombre del viento. La saga de Canción de fuego y hielo me dejó exhausta, pero tengo ganas de volver a la fantasía.

Anna and the french kiss, de Stephanie Perkins. Mi lectura actual. Anna es la hija de un escritor de súbita fama, que la envía a París para cursar último año en el instituto. En su nuevo colegio conoce a St. Clair. Nombre francés, acento inglés, nacionalidad estadounidense y una sonrisa por la que enamorarse. Es una historia mona, con el toque justo de azúcar y divertida, muy apropiada para leer ahora que se acerca San Valentín. Aunque a mí las novelas románticas me apetecen todo el año.

Lola and the boy next door, de Stephanie Perkins. Donde cabe uno, caben dos. Y por el resumen creo que me va a gustar más que el anterior.

Asedio y tormenta, de Leigh Bardugo. Reseñado ya en el blog. Es la segunda parte de la trilogía Grisha y supera por mucho el arranque, Sombra y hueso, que me dejó a medio camino entre el odio y el amor.

Ruin and rising, de Leigh Bardugo. Había estado en mi cesta de la compra cuando pedí a Booky los libros de Stephanie Perkins. Cuando iba a pagar, lo eliminé porque me surgieron remordimientos. Y porque los dos primeros libros de la saga los tenía en castellano y confiaba en ser capaz de esperar a que lanzaran la última parte en España. Ja. Según terminé Asedio y tormenta me fui directa a por mi ordenador para comprar Ruin and rising. Espero empezarlo este fin de semana.

Y... un libro más que, de momento, se queda en el anonimato porque es una sorpresa. Por cierto, que desde hace unos días llevo esto en el blog:


¡Gracias! Algo así como unas 101 veces. Puede que el libro en el anonimato tenga algo que ver.

Reseña: Asedio y tormenta, de Leigh Bardugo

sábado, 7 de febrero de 2015



Asedio y tormenta. Hidra. 2013. 532 páginas

En su intento por huir de Ravka y dejar atrás a los Grisha, Alina y Malyen se embarcan en un viaje a traves del Mar Auténtico. Pero por mucho que lo deseen, hay tres cosas de las que Alina jamás podrá escapar. Su pasado. Su poder. Y su destino. Alina pronto va a tener que enfrentarse a una terrible verdad. La oscuridad nunca muere.








Así, sí. Es lo que pensé cuando terminé de leer Asedio y tormenta, el segundo libro de la trilogía Grisha. El primero, Sombra y hueso, me había gustado y lo había odiado casi a partes iguales. Culpa, sobre todo, de Alina, su protagonista, que aparecía como una Mary Sue bastante inmadura que me hacía chirriar los dientes cada vez que abría la boca. En Asedio y tormenta, Leigh Bardugo corrige ese error, así que pude disfrutar sin remordimientos de una historia que mezcla la fantasía, la aventura y el amor en un entorno, el reino de Ravka, a medio camino entre lo mágico y lo medieval. Y con 500 páginas para devorarse (literalmente) en apenas un par de días.

En Sombra y hueso me quejaba también de que Ravka y ese mundo que desata toda la historia  de los Grisha, una especie de guerreros con poderes que rozan lo mágico, se quedaba apenas en un boceto. Comprensible, al tratarse del primer libro. Aquí vamos descubriendo más rincones, más retazos de historia y las piezas de un puzle que Alina ya comenzó a montar al final de Sombra y hueso. Y lo que voy viendo de Ravka me gusta cada vez más. Los elementos mágicos cobran fuerza y todas las referencias a la tradición y cultura rusas que sostienen la trilogía me parecen (desde mi total ignorancia sobre el tema) de lo más originales.

Lo mejor de este segundo libro es, sin duda, la aparición de un nuevo personaje: Sturmhond, un joven pirata de lengua afilada que esconde más de un secreto. El triángulo amoroso del primer libro entre Alina, su amigo de la infancia Mal y ese enigma vestido de negro que es El Oscuro se convierte ahora en una pelea a tres bandas con la irrupción de Sturmhond. Aunque uno nunca sabe cuáles son sus verdaderas intenciones para con Alina. Sus frases están siempre cargadas de dobles sentidos y una ambigüedad suficientes para que la trama vaya dando giros inesperados. El peor parado en este maremoto es Mal, que me sigue pareciendo casi tan insufrible como me resultó Peeta en Los juegos del hambre.

Pero lo que hace sumar puntos a Asedio y tormenta en comparación con el arranque de la trilogía es la evolución de su protagonista. En Sombra y hueso aparecía como la típica heroína sin virtudes aparentes y una pésima imagen de sí misma que, de repente, se transforma en una fuerza de la naturaleza estupendérrima al descubrir su poder. Sus frases irritantes y fuera de lugar del primer libro se moderan hasta casi desaparecer. Alina se va desprendiendo de su inmadurez a medida que los acontecimientos le obligan a asumir una posición de responsabilidad en la que se desenvuelve sorprendentemente bien. Y con una protagonista soportable y (casi) digna de admiración, es mucho más fácil disfrutar de la lectura, que resulta ágil y llena de sorpresas. El único punto negativo: que comencé a leer sin tener a mano el último libro, Ruin and rising. A estas alturas debería saber ya que empezar trilogías sin tener antes todos los libros en casa no es una buena idea.


Lo mejor: Los nuevos personajes. Cómo la trama se va complicando. El mundo de Ravka, que en el primer libro apenas era un esbozo, pero aquí aparece dibujado con mucho más detalle.
Lo peor: El personaje de Alina a veces, todavía, chirría (pero muy poco). Algunos diálogos resultan forzados. La relación con Mal lastra la historia. La tercera entrega todavía no está publicada en español.

Recuento #4: Enero 2015

domingo, 1 de febrero de 2015

Se acaba (por fin) enero y toca hacer recuento de lecturas. No he empezado el año con mucha fuerza, solo dos libros leídos y otros dos cómics... aunque el marcador de Goodreads me dice que voy bien para la meta de 45 libros que me he marcado.

Lo bueno es que tengo Ana Karenina (uno de mis retos para 2015) a punto de caramelo y casi todo lo que he leído está reseñado ya en el blog. Como siempre, dejo aquí la lista para ir completándola. 











Reseña: Sombra y hueso, de Leigh Bardugo

martes, 6 de enero de 2015

Leigh Bardugo. Hidra. 2012. 423 páginas

Alina Starkov no espera mucho de la vida. Se quedó huérfana después de la guerra y lo único que tiene en el mundo es a su amigo Mal. A raíz de un ataque que recibe Mal al entrar en La Sombra, una oscuridad antinatural repleta de monstruos que ha aislado el país, Alina revela un poder latente que no sabía que tenía. Tras ese episodio, Alina es conducida hasta la corte real para ser entrenada como un miembro de los Grisha, un grupo de magos de élite comandado por El Oscuro.

Tengo una relación amor-odio con Sombra y hueso. Es uno de esos libros que tiene una buena base, buen punto de partida, pero... ay, te encuentras tantos fallos repetidos en las novelas juveniles. Y es uno de esos libros, también, que te puedes leer en un día sin apenas darte cuenta de ello. Por eso, a pesar de que roza peligrosamente la categoría de pudo-haber-sido-bueno-pero-no-lo-fue, cuento los días para tener en mis manos el siguiente título de la trilogía Grisha, Asedio y tormenta.

Alina es una joven huérfana que vive en Ravka, un país legendario y mágico impregnado de la tradición y la cultura rusas. Su pueblo sobrevive a duras penas, sumido en la pobreza, asediado por la guerra y dividido desde hace décadas por La Sombra: un tajo negro en mitad del territorio, una franja habitada por monstruos que ella y su amigo Mal se disponen a cruzar. Es entonces, al ser atacados en mitad del viaje, cuando Alina descubre un poder mágico que hasta el momento desconocía.

El mundo de fantasía creado por Leigh Bardugo es interesante y diferente a cualquier cosa que hubiera leído antes. A camino entre lo medieval y lo mágico, Ravka es gobernada por un rey, pero quien ostenta el verdadero poder es El Oscuro: un personaje enigmático que nunca sabes si camina sobre la línea del bien o sobre la del mal. Él es quien comanda a los Grisha, magos de élite entrenados desde jóvenes para perfeccionar sus poderes. Él es también el tercer vértice del triángulo amoroso que se forma cuando toma a Alina bajo su protección para explotar su don.

Mi principal problema con Sombra y hueso es su protagonista. Y supongo que ese un problema gordo. Alina tiene tendencia a soltar lo primero que se le pasa por la mente. Eso podría parecer desenfadado e incluso gracioso, pero en realidad suele generar en el lector momentos de vergüenza ajena. 

Al principio creía que la autora la escribía así (tan exasperante y desquiciante) a propósito, para que pudiéramos apreciar el cambio una vez que el personaje comenzara a madurar. Pero más que crecer, lo que Alina sufre es una transformación poco creíble. Anodina y patosa, de repente se vuelve increíblemente guapa, ágil y estupendérrima. Creo que ese cambio milagroso e injustificado ya lo había leído antes en alguna otra parte. Ah, sí. Se llamaba Bella Swan y era la mayor Mary Sue de la historia de la literatura juvenil.

Sobre los personajes masculinos, Mal es el típico mejor amigo que, tras ignorarla en el terreno amoroso durante toda su vida, de repente solo tiene ojos para ella cuando se opera el cambio. Por suerte nos queda El Oscuro. Es, de lejos, lo más interesante del libro. Hay secretos y algún que otro giro argumental, pero yo de momento voy con El Oscuro. Espero también que en el próximo libro, Bardugo explote más su mundo y explique los engranajes de esa fantasía, incluya algo de historia, quizás... porque en Sombra y hueso, Ravka se queda simplemente en un boceto.

Lo mejor: El Oscuro y el mundo de fantasía que crea la autora, pero que puede dar mucho más de sí. El ritmo rápido y lo ligera que resulta la lectura. A pesar de todo, engancha.
Lo peor: La protagonista se acerca peligrosamente a la categoría de Mary Sue. Algunos diálogos resultan forzados y la redacción a veces resulta plana.


Recuento #3: Diciembre 2014

sábado, 3 de enero de 2015

¿Qué tal os está tratando el nuevo año? Llevamos ya tres días de 2015 y yo todavía sigo pensándome a qué desafíos apuntarme. Mientras me decido, os dejo el recuento rápido de diciembre. Empiezo el año de lecturas con Sentido y sensibilidad y cierro el último mes de 2014 con cinco libros leídos y un par de alegrías, pues en la lista se han colado dos de mis mejores lecturas del año, las de Capote y Rainbow Rowell, con la que sigo fangirleando.

De momento solo he comentado My true love gave to me, pero las reseñas de Sombra y hueso, Attachments y A sangre fría ya están preparadas. Dejo aquí la lista de reseñas para ir completándola:



Nuevos vecinos en la estantería #5

domingo, 28 de diciembre de 2014



¿Qué tal las fiestas? ¿Sobrevivimos a los empachos? Yo a duras penas. Por suerte el otro día me encontré debajo del árbol unos cuantos libros que ya esperan hueco en la estantería. Os dejo la foto de grupo y os cuento un poco de ellos, como siempre en riguroso orden de aparición.

Blacksad. Amarillo, de Juan Díaz Canales y Juanjo Guarnido. Es, por el momento, el último volumen de la serie de cómics Blacksad, historias de novela negra que protagoniza un detective con forma de gato. Solo he leído el primero, así que este de momento se queda a la espera de que me haga con el resto.

El impostor, de Javier Cercas. Tengo el mal hábito de apenas leer autores españoles, mucho menos novedades porque el bolsillo no me da para tanto. Pero con este libro me picó la curiosidad al escuchar una entrevista en la radio a su protagonista: Enric Marco, un nonagenario barcelonés que durante décadas se hizo pasar por un superviviente de los campos de concentración nazis.

Sombra y hueso, de Leigh Bardugo. El primero de la trilogía Grisha, que mezcla fantasía, con elementos de la cultura rusa y un triángulo amoroso juvenil. Me lo he ventilado ya en apenas un día, me lo esperaba mejor (a ratos la protagonista huele un poco a Mary Sue), pero por lo menos es muy entretenido, así que me apunto el siguiente en la lista para los Reyes Magos.

Homenaje a Cataluña, de George Orwell. 1984 es uno de mis libros favoritos, pero nunca leí nada más de Orwell, no se muy bien por qué. 2015 está para ponerle remedio.

El lémur, de Benjamin Black. Una historia de asesinatos y misterios que comienzan a salir a la luz cuando un periodista retirado recibe el encargo de escribir la biografía de su suegro, exagente de la CIA reconvertido en magnate de la comunicación. Ahora mismo estoy con él, lectura ligera y rápida de apenas 200 páginas.

American gods, de Neil Gaiman. Me da miedo por el tocho considerable que es, porque llevo ya tiempo queriendo hincarle el diente a algo de este autor del que solo leo cosas buenas y porque no quiero que me decepcione.

Sentido y sensibilidad, de Jane Austen. Para empezar el año de lecturas con Austen, que sé que nunca me falla.

Lo mejor (y lo peor) de 2013

martes, 31 de diciembre de 2013

El año que hoy se nos va me ha dejado una estantería nueva en casa para cargar con todos mis libros nuevos, 43 títulos leídos de los 40 que me había marcado como reto, unas cuantas sorpresas agradables y alguna que otra decepción.


El lado bueno de las cosas (Un final feliz), de Matthew Quick. Lo leí en enero, antes de ver la adaptación al cine que protagonizaron Jennifer Lawrence (con Oscar incluido) y Bradley Cooper. La película me gustó, pero como suele ser habitual el libro es mucho mejor y bastante distinto a la versión cinematográfica. Pat Peoples acaba de salir de una clínica psiquiátrica y vuelve a casa con sus padres. Su pasado es un misterio, pero él está convencido de que su vida es una peli ideada por Dios con un único final posible: recuperar a su mujer. Su historia es de esas que arrancan carcajadas, pero de las de reír por no llorar. Pat, con su obsesión por hacer abdominales y destripar clásicos de la literatura, es el personaje que más me ha hecho reír y más ternura me ha inspirado este año. Y por cierto, menuda birria de título que eligieron para la traducción al castellano.

Danza de dragones, de George R.R. Martin. Intentaré hace una mini-reseña sin pisar ningún spoiler por el camino. He tardado mis dos años en ponerme al día con la saga Canción de hielo y fuego. Los libros son largos, densos y hay partes que exigen unas cuantas dosis de fuerza de voluntad y paciencia para continuar. Después del bajón que dio Martin en el cuarto libro, Festín de cuervos, el quinto vuelve a recuperar el pulso y la acción. Me gustan las historias que crean atmósferas, pero Martin debió de quedarse con más imaginación de la que le correspondía porque lo que hace con esta saga es crear todo un mundo, complejo, con dobleces, con sus lecciones de historia y de geografía, y con todo un catálogo de personajes, familias y traiciones. Si todavía no has leído los libros, hazlo. Si sólo has visto la serie Juego de tronos, hazlo también. Y si ya los has leído, sólo nos queda rezar para que Martin saque Vientos de invierno pronto.

En mi perfil de Goodreads pude añadir en noviembre otra calificación de cinco estrellas. Se las merece Juan José Millás. Lo hace casi siempre, porque tiene una mirada y una forma de escribir que me dan mucha envidia. Pero se las merece sobre todo por Hay algo que no es como me dicen: el caso de Nevenka Fernández contra la realidad. Un libro que es un gran reportaje sobre Nevenka Fernández, una joven que en 2001 tuvo que enfrentarse a sí misma y a lo que creía ser su mundo para denunciar a Ismael Álvarez, entonces alcalde de Ponferrada. Entonces su jefe y también su acosador. Es una historia delicada, que en su momento copó páginas de periódicos y horas de televisión, y que sólo alguien como Millás puede contar como se merece.

Divergente, de Veronica Roth. Y para terminar el resumen del año, una saga. Mucho mejor que la otra serie juvenil que he leído este año, Cazadores de sombras, y más entretenida incluso que Los juegos del hambre. Dejo la reseña para otro post porque pretendo extenderme, pero puedo decir que la saga merece la pena, engancha y oh, milagro, tiene una protagonista decidida y con personalidad. La ausencia de tríos amorosos también se agradece. Ah, y que hay película a la vista.

La decepción del año se la dejo para Pídeme lo que quieras, de Megan Maxwell. Y también para las editoriales, que de vez en cuando se empeñan en repetir patrones de éxito y publicar libros clónicos que no aportan nada. En 2013 tocó repetir la fórmula de Cincuenta sombras de Grey y las librerías se llenaron con eso que algunos llaman (con muy poca gracia) porno para mamás. 

A Christian Grey lo leí y lo toleré, pero sólo por motivos sentimentales: en su origen había sido un fanfiction de Crepúsculo y era la primera historia del fandom que saltaba de la pantalla al papel con tanto éxito. Pero de calidad literaria andaba muy justo. Me animé con Pídeme lo que quieras porque me lo habían recomendado mucho, pero además de tener la sensación de estar leyendo la misma historia otra vez, ni siquiera estaba bien escrito. Y aunque las editoriales parezcan empecinadas en demostrarme lo contrario, todavía creo que se puede escribir erótica y romántica bien, con coherencia y sin caer en la fórmula de hombre-de-negocios-irresistible-y-altamente-ahostiable+jovencita-obnubilada-e-incapaz-de pensar-por-sí-misma.

¿Cuáles han sido vuestros mejores y peores libros de 2013? ¡Y feliz año! Que 2014 esté lleno de (buenas) lecturas y que dentro de un año podamos compartirlas.

Reseña: Cazadores de Sombras. Ciudad de Cristal, de Cassandra Clare

martes, 24 de septiembre de 2013


Cassandra Clare. Destino. 2009. 544 páginas

Arriesgando su vida, Clary no duda en entrar en la Ciudad de Cristal sin permiso. Además, ha conocido a un misterioso y encantador cazador de sombras llamado Sebastian y está decidida a descubrir los secretos de su pasado familiar. Pero otras urgencias apremian: lidiar con la insolencia de Jace; reencontrarse con Simon; y, sobre todo, conseguir que licántropos, vampiros y cazadores de sombras dejen a un lado sus diferencias y aúnen fuerzas para vencer a Valentine. ¿Lo conseguirá?

Ciudad de Cristal es la tercera parte de la saga Cazadores de Sombras. Narra la historia de Clary, una adolescente neoyorquina normal y corriente, que de repente descubre que forma parte de un mundo sobrenatural en el que existen ángeles y demonios, pero también hombres lobo, vampiros, hadas y un hombre, mitad ángel, mitad humano, dispuesto a sembrar el pánico en el mundo. Con la adaptación del primer libro todavía en los cines, esta tercera entrega cierra lo que en principio era la historia original, que luego la autora ha estirado con tres libros más y varias precuelas y secuelas ya publicadas o todavía en mente.

Es injusto comparar esta saga con otras series de libros juveniles, pero como no puedo evitarlo, ahí va la que creo es la receta de Cazadores de Sombras: jóvenes intrépidos dispuestos a saltarse las normas y un malo empeñado en hacer limpieza étnica al más puro estilo Harry Potter (aunque Valentine no se acerca ni de lejos a la maldad de Voldemort); aventura, peleas y acción del tipo Los Juegos del Hambre; y una dosis abundante de amor sobrenatural y torturado que sigue la estela de Crepúsculo

De los tres libros que llevo leídos de la saga, Ciudad de Cristal ha sido el más coherente de todos. También el que más he disfrutado, por dos motivos: porque tiene un ritmo mucho más dinámico y, al contrario que los dos anteriores, que sólo guardaban la traca final de los últimos capítulos, este va dejando sorpresas y giros de infarto desde la mitad del libro; y porque por fin comprendemos toda la historia familiar que hay detrás de los dos protagonistas, Clary y Jace. No deja cabos sueltos y todos los enigmas que la autora había ido planteando por el camino, quedan resueltos. Además, es el libro que me ha reconciliado con el personaje de Simon, hasta entonces eterno mejor amigo y pagafantas enamorado de Clary, que en Ciudad de Cristal cobra al fin personalidad propia.

Aún así, este tercer libro cae en los mismos errores que Ciudad de Cenizas y Ciudad de Hueso. Primero, una escritura que, sin ser mala, tampoco puede calificarse de buena, sin que por buena haya que entender brillante. Segundo, la autora continúa rellenando páginas con conversaciones que pecan de antinaturales y fuera de lugar, construidas sobre chistes con poca gracia que no aportan sustancia al relato y parecen más bien sacadas de una película americana que de lo que podría haber sido un diálogo real. 

Y tercero, aunque esto es más personal, no consigo conectar del todo con el personaje de Clary. No veo gran evolución y hay momentos en los que se inclina peligrosamente hacia el territorio de las Mary Sue, aunque se agradece que sea una protagonista con iniciativa y que en este tercer libro haya tomado las riendas de la situación, en lugar de dejar que sean otros los que resuelvan la papeleta. Todo lo contrario me ha ocurrido con Jace, que en este libro gana por goleada y aparece retratado de forma muy humana, algo que la autora no había conseguido en los dos anteriores. O, más bien, que supongo se había guardado para el final para que pudiéramos comprobar la evolución del personaje.

Otro pequeño detalle que ha deslucido la lectura es el hecho de que algunas sorpresas (al menos las más gordas) se veían venir. No quiero revelar spoilers, pero la autora había dejado demasiadas pistas por el camino antes de resolver el enigma del pasado familiar de Jace. En cualquier caso, es un punto positivo comprobar que la trama estaba pensada desde un principio, y no improvisada en un final incoherente.

Lo mejor: Jace, las piezas del puzle que por fin encajan y el ritmo trepidante.
Lo peor: las sorpresas se ven venir desde lejos, la escritura y la edición (encontrar varias erratas en un libro que cuesta 17 euros no es de recibo) podrían ser mejores.