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Nuevos vecinos en la estantería #8

domingo, 4 de octubre de 2015


Creo que este mes se me ha ido la mano rellenando huecos en las estanterías. Y sufro porque Leigh Bardugo acaba de publicar Six of crows y Carry on, de Rainbow Rowell está a punto de caramelo. Tendré que esperar a noviembre para volver a vaciar el bolsillo. Mientras tanto, ahí van mis nuevos vecinos en la estantería.

Saga Percy Jackson y los dioses del Olimpo, de Rick Riordan. Enterita. Para que no me vuelva a ocurrir eso de empezar una saga y quedarme con las ganas porque no tengo todos los libros en casa. En mi defensa diré que encontré la caja con las cinco partes a muy buen precio.

Todos deberíamos ser feministas, de Chimamanda Ngozi Adichie. Un librito muy fino que en realidad es la versión revisada de su famosa charla TED.

La letra escarlata, de Nathaniel Hawthorne. Sigo sumando ediciones de Penguin Clásicos a la estantería y tachando clásicos de la lista de pendientes.

Corazón tan blanco, de Javier Marías. Mi lectura actual. Javier Marías me encanta como columnista, pero por alguna extraña razón, nunca le había leído como novelista. No llevo ni 100 páginas y de momento me está resultando una historia algo densa.

El hombre que amaba a los perros, de Leonardo Padura. Del último Príncipe (Princesa, perdón) de Asturias de las Letras, todas las opiniones que he leído de este libro le ponen por las nubes. Y así aprovecho y, entre él y Marías, intento paliar mi déficit de autores que escriben en castellano.

To all the boys I've loved before, de Jenny Han. Para cubrir mi cupo de YA ñoño. Presiento que me va a decepcionar, pero igualmente tengo ganas de leerlo.

Nuevos vecinos en la estantería #7

miércoles, 26 de agosto de 2015



Creía que no tenía mucho material nuevo que enseñar porque estos meses me he reprimido mucho de ir a librerías (o de entrar en Amazon, o en Booky, o en...), pero he juntado mis últimas adquisiciones para la foto y cuento más de las que pensaba. Algunas ya están leídas, otras esperan su turno.

La chica del tren, de Paula Hawkins. Ese libro del que no puedes escapar este verano. Campaña de marketing perfecta para un completo bluff. Tengo la reseña ya preparada y lo único bueno que puedo decir es que, por lo menos, se lee de una sentada.

El temor de un hombre sabio, de Patrick Rothfuss. Reciclado de la entrada de libros para leer con mapas. Es la segunda parte de las Crónicas de un asesino con reyes, lleva casi un mes en mi estantería y el primer libro me gustó tanto que el único motivo para que no le haya hincado ya el diente es una pésima combinación entre lo tocho que es + ya estamos casi en septiembre + voy de culo con mi reto de leer 45 libros este año.

Persuasión, de Jane Austen. La joya. Me enamoré de estas ediciones especiales de Penguin de la obra de Jane Austen hace unos meses cuando vi una foto en Internet. En marzo fui a Nueva York y ahí estaban, en Barnes & Noble: tan bonitas, tan caras, mi bolsillo tan vacío... solo me pude llevar uno.

Isla and the happily ever after, de Stephanie Perkins. Me gustó Ana, Lola me dejó fría y todavía tengo esperanzas en Isla. Aunque solo sea porque Nueva York aparece como telón de fondo en el último libro de la trilogía de historias de amor juvenil de Perkins. Nota aparte, totalmente irrelevante: qué monas quedan en la estantería.

Red queen, de Victoria Aveyard. Lo mencionaba también en mi última entrada sobre libros para leer con un mapa en la mano y, desde entonces, me lo he ventilado. Es el primero de una trilogía juvenil de fantasía hypeada hasta la saciedad y, aunque no me ha vuelto loca, promete.

Relato de un náufrago, de Gabriel García Márquez. Me había marcado como propósito lector de 2015 sacar de la estantería Cien años de soledad para sacudirle el polvo y leerlo de una vez. Voy a ser honesta: este año no va a ocurrir. Pero quiero estrenarme con Gabo igualmente, así que su primer libro me parece una buena forma de hacerlo.

Nuevos vecinos en la estantería #6

miércoles, 11 de febrero de 2015


Toca hacer recuento de los últimos libros a los que he tenido que hacerle hueco en la estantería. Este me ha quedado un poco (bastante) monográfico entre Stephanie Perkins y Leigh Bardugo. Es la maldición de las sagas. Que no te dejan dinero para más.

El nombre del viento, de Patrick Rothfuss. No sé si os ha pasado alguna vez. De esto que desde hace tiempo que conoces un libro. Lo has visto en la tienda, algún conocido tuyo lo ha leído, nunca te ha llamado la atención. Y, de repente, no sabes muy bien por qué, sientes la urgente necesidad de leerlo. Eso me ha ocurrido con El nombre del viento. La saga de Canción de fuego y hielo me dejó exhausta, pero tengo ganas de volver a la fantasía.

Anna and the french kiss, de Stephanie Perkins. Mi lectura actual. Anna es la hija de un escritor de súbita fama, que la envía a París para cursar último año en el instituto. En su nuevo colegio conoce a St. Clair. Nombre francés, acento inglés, nacionalidad estadounidense y una sonrisa por la que enamorarse. Es una historia mona, con el toque justo de azúcar y divertida, muy apropiada para leer ahora que se acerca San Valentín. Aunque a mí las novelas románticas me apetecen todo el año.

Lola and the boy next door, de Stephanie Perkins. Donde cabe uno, caben dos. Y por el resumen creo que me va a gustar más que el anterior.

Asedio y tormenta, de Leigh Bardugo. Reseñado ya en el blog. Es la segunda parte de la trilogía Grisha y supera por mucho el arranque, Sombra y hueso, que me dejó a medio camino entre el odio y el amor.

Ruin and rising, de Leigh Bardugo. Había estado en mi cesta de la compra cuando pedí a Booky los libros de Stephanie Perkins. Cuando iba a pagar, lo eliminé porque me surgieron remordimientos. Y porque los dos primeros libros de la saga los tenía en castellano y confiaba en ser capaz de esperar a que lanzaran la última parte en España. Ja. Según terminé Asedio y tormenta me fui directa a por mi ordenador para comprar Ruin and rising. Espero empezarlo este fin de semana.

Y... un libro más que, de momento, se queda en el anonimato porque es una sorpresa. Por cierto, que desde hace unos días llevo esto en el blog:


¡Gracias! Algo así como unas 101 veces. Puede que el libro en el anonimato tenga algo que ver.

Nuevos vecinos en la estantería #5

domingo, 28 de diciembre de 2014



¿Qué tal las fiestas? ¿Sobrevivimos a los empachos? Yo a duras penas. Por suerte el otro día me encontré debajo del árbol unos cuantos libros que ya esperan hueco en la estantería. Os dejo la foto de grupo y os cuento un poco de ellos, como siempre en riguroso orden de aparición.

Blacksad. Amarillo, de Juan Díaz Canales y Juanjo Guarnido. Es, por el momento, el último volumen de la serie de cómics Blacksad, historias de novela negra que protagoniza un detective con forma de gato. Solo he leído el primero, así que este de momento se queda a la espera de que me haga con el resto.

El impostor, de Javier Cercas. Tengo el mal hábito de apenas leer autores españoles, mucho menos novedades porque el bolsillo no me da para tanto. Pero con este libro me picó la curiosidad al escuchar una entrevista en la radio a su protagonista: Enric Marco, un nonagenario barcelonés que durante décadas se hizo pasar por un superviviente de los campos de concentración nazis.

Sombra y hueso, de Leigh Bardugo. El primero de la trilogía Grisha, que mezcla fantasía, con elementos de la cultura rusa y un triángulo amoroso juvenil. Me lo he ventilado ya en apenas un día, me lo esperaba mejor (a ratos la protagonista huele un poco a Mary Sue), pero por lo menos es muy entretenido, así que me apunto el siguiente en la lista para los Reyes Magos.

Homenaje a Cataluña, de George Orwell. 1984 es uno de mis libros favoritos, pero nunca leí nada más de Orwell, no se muy bien por qué. 2015 está para ponerle remedio.

El lémur, de Benjamin Black. Una historia de asesinatos y misterios que comienzan a salir a la luz cuando un periodista retirado recibe el encargo de escribir la biografía de su suegro, exagente de la CIA reconvertido en magnate de la comunicación. Ahora mismo estoy con él, lectura ligera y rápida de apenas 200 páginas.

American gods, de Neil Gaiman. Me da miedo por el tocho considerable que es, porque llevo ya tiempo queriendo hincarle el diente a algo de este autor del que solo leo cosas buenas y porque no quiero que me decepcione.

Sentido y sensibilidad, de Jane Austen. Para empezar el año de lecturas con Austen, que sé que nunca me falla.

Nuevos vecinos en la estantería #4

sábado, 6 de diciembre de 2014

Mis nuevas adquisiciones. Algunas ya las he mencionado por aquí, pero ahí van en la foto (navideña) de grupo...

Blacksad. Un lugar entre las sombras, de Juan Díaz Canales y Juanjo Guarnido. Leído ya, al pobre no se le ve casi, está enterrado por los demás en la parte de abajo del gif. Un lugar entre las sombras es el primer volumen de una serie de cinco cómics que protagoniza John Blacksad, un gato muy elegante que no se quita nunca la gabardina de encima y resuelve crímenes en los Estados Unidos de los años cincuenta. Suena raro, pero sobre el papel el resultado es genial.

Reportajes, de Joe Sacco. Más cómic, aunque esta vez en el terreno del periodismo. Otra mezcla que puede resultar rara, pero tiene una pinta tremenda. Recopila varios reportajes que Sacco ha publicado en prensa. Sus dibujos viajan a conflictos y países como Irak, Palestina o los inmigrantes africanos que intentan llegar a Europa.

Half of a yellow sun, de Chimamanda Ngozi Adichie. En verano me leí el último libro de esta escritora nigeriana, Americanah, y casi desde las primeras páginas se convirtió en uno de mis descubrimientos del año. Half of a yellow sun se sitúa en su Nigeria natal, en mitad de la guerra civil que dividió al país en los años sesenta, para contar la historia de tres vidas que se entrecruzan. Yo lo compré en inglés, pero está traducido al español.

Attachments, de Rainbow Rowell. No puedo para de leer novelas de Rainbow Rowell. Después de Fangirl y Eleanor & Park, ahora mismo me estoy devorando su debut, Attachments, que creo que de momento solo está en inglés. Habla sobre nerds, correos electrónicos en los noventa y la redacción de un periódico local a punto de entrar en la era digital. Me encanta.

My true love gave to me, editado por Stephanie Perkins. Doce historietas cortas escritas por otros tantos autores de literatura juvenil con dos ingredientes en común: el amor y la Navidad. Tengo muchas ganas de hincarle el diente. Ahora que ya he puesto el árbol, me parece apropiado empezar a leerlo. Y sí, entre esos doce autores está Rainbow Rowell.

Ahí están, en riguroso orden de aparición. Las pinzas de Papá Noel son solo para el atrezo.

Nuevos vecinos en la estantería #3

miércoles, 8 de enero de 2014

Con la resaca de las Navidades ya superada, me ha tocado buscarle hueco en la estantería a unos cuantos libros. Mi lista para los Reyes era bastante más larga, pero aun así no se han portado mal (o yo no me he portado mal).


Bajo la misma estrella, de John Green. Con él abro la lista de nuevos libros y con él rompo también uno de mis propósitos lectores de este año: el de no acercarme a la zona de literatura juvenil en las librerías. Aunque técnicamente no he sido yo, es culpa de los Reyes. Debo de ser de las últimas que se apunta a leer esta historia, pero ya que la peli está al caer, aprovecho. Lo he empezado hoy porque necesito lectura para el metro y llevar todos los días encima el tocho de Ana Karenina no, gracias.

Pastoral americana, de Philip Roth. Me da miedo. Mucho miedo. Me lo apunté después de leer La verdad sobre el caso Harry Quebert y ver que lo comparaban con él, pero tiene pinta de ser uno de esos libros que van a acumular polvo en la estantería antes de que me atreva a abrirlo.

Cumbres borrascosas, de Emily Brontë. Sí, lo confieso, cuando leí Crepúsculo hace unos cuantos años no me lancé inmediatamente después a por Cumbres borrascosas (aunque sí lo hice con Orgullo y prejuicio). En realidad lo que quería era Jane Eyre, de otra de las hermanas Brontë, Charlotte, pero por lo visto los Reyes Magos no leyeron bien toda la lista que les hice… así que tendré que ir a comprarlo y romper otro de mis propósitos de 2014.

Nada, de Carmen Laforet. Para empezar con el reto 25 españoles.

Lolita, de Vladimir Nabokov. Otro clásico más eternamente pendiente.

Kitchen, de Banana Yoshimoto. Creo que pesqué el nombre de este libro por Twitter, pero ni siquiera me acuerdo de por qué lo añadí a la lista. Solo sé que la literatura japonesa me produce mucha curiosidad, aunque de momento solo he leído un libro de Murakami (Tokio blues, por supuesto) y otro de Yasunari Kawabata (Lo bello y lo triste), ambos recomendables.

After dark, de Haruki Murakami. Pues eso, que ya toca ir a por más libros del eterno favorito para el Nobel.

La báscula #1: Aspirantes a escritor. Mundo Fanfiction

lunes, 9 de diciembre de 2013

Seguro que te ha pasado más de una vez. Ya sabes, empezar un libro y no poder parar de leer. En el metro, durante los descansos entre clase y clase e, incluso, (aunque solo apto para los más osados) caminando por la calle. Los personajes son perfectos, los diálogos fluidos y la trama novedosa. Pero cuando llegas a la última página, no das crédito a lo que leen tus ojos. ¿Qué ha podido pasar? El final es lo más infumable que has leído en mucho tiempo. Alguien incluso se diría a sí mismo “yo lo hubiera hecho mejor”.

Esa es la idea que se esconde tras el fenómeno fanfiction. Para los que no estén familiarizados con el concepto, fanfiction es, ni más ni menos, lo que indica el propio término: ficción de fans. Crear tu propia historia sobre la base de algo ya existente. Fans que toman su obra favorita, retorciendo los personajes, forzando el argumento hasta conseguir algo que en poco o mucho —eso ya depende de la creatividad de cada uno— se asemeja al original.

Libros, películas, series de televisión. Incluso los videojuegos son aptos. El único límite es la imaginación. Porque el objetivo del fanfiction (o fic, en su versión abreviada) es, como reza el eslogan del mayor portal web para la publicación de estos relatos, liberar la imaginación. Exactamente el mismo que persigue la literatura al uso, pero bajo una fórmula alternativa y en absoluto ortodoxa.

El perfil del autor de este tipo de historias no sigue un criterio común y varía en gran medida dependiendo del fandom (literalmente, reino de fans, o el concreto libro, película, etc. sobre el que estemos leyendo). Desde adolescentes que se dejan guiar por la novedad y publican sus historias como un simple medio de relación social más, hasta escritores aficionados (aunque sea injusto utilizar ese adjetivo) que llevan toda su vida creando historias y encuentran en el mundo fanfiction la oportunidad perfecta para dar a conocer sus ideas.

“Escribo prácticamente desde que aprendí a hacerlo”, asegura una estas autoras de fics. “Cuando era adolescente, no las escribía por pereza; fue con los fanfics con lo que decidí volver a plasmar mis locuras en papel”. Cristina publica sus historias bajo seudónimo desde hace dos años. Tiene muy claro que escribir no es simplemente un pasatiempo. Le encantaría poder dedicarse profesionalmente a ello, pero sabe que es un camino arduo. “Hoy en día cualquiera puede escribir un libro y hay tantos en el mercado que sobresalir entre ellos es complicado”.

A pesar de tratarse de una especie de literatura alternativa, el universo fanfiction tampoco escapa de las modas. Aunque sean las que sus propios autores y lectores dictan. Un ejemplo: entre la publicación de los libros quinto y séptimo de la saga Harry Potter, el número de páginas web, lectores y, sobre todo, autores dedicados a la publicación de relatos fan crecía cada día. Hoy, casi cuatro años después de la publicación de Las reliquias de la muerte, el libro que cierra la saga, el fandom dedicado al joven mago se encuentra en decadencia.

Sin embargo, a pesar del ir y venir de las modas, en el mundo fic hay cabida para todo. La escala de originalidad de estos relatos es infinita y puede variar desde simples modificaciones de la obra de referencia hasta la creación de un verdadero universo alternativo que tan solo guarda en común con el original el nombre y la descripción física de los personajes. De nuevo, el único límite es la imaginación y la creatividad del autor.

Pero también lo que el lector quiere encontrarse. La interrelación entre el escritor y su público, esa que es prácticamente inexistente en el mundo editorial actual, alcanza con el fanfiction su máximo apogeo. El autor de fics (o ficker, ya que estamos con la terminología técnica) está en constante contacto con sus lectores gracias a la opción que todas las webs habilitan para que cualquier usuario pueda dejar su comentario. Las historias se suelen subir a la red capítulo a capítulo según se van escribiendo, de modo que el lector tiene la posibilidad de publicar su opinión en cualquier momento y a lo largo de todo el desarrollo de la trama.

Estos relatos escritos por fans tampoco escapan de la crítica. La primera y más importante: el posible conflicto con los derechos de propiedad intelectual del creador de la obra original. No hay una solución unánime al problema. Algunos autores, como es el caso de J. K. Rowling, han declarado no tener inconveniente alguno con la publicación de estas historias. No obstante, es habitual que las páginas web que albergan este tipo de relatos incluyan en sus normas una lista con los escritores que no permiten la utilización de sus obras para la creación de fanfiction.

Pero quizás la crítica que más duele, y la menos merecida, es la de aquellos que menosprecian el género, tachándolo de marginal, propio de aficionados y carente de originalidad. “No somos profesionales”, asegura Cristina, “pero eso no evita que nuestro trabajo y dedicación sea el mismo, o quizás más, que el de muchos escritores de renombre”. Al fin y al cabo, se trata de escribir. Dejar volar la imaginación y compartir las ideas. ¿Qué importa lo demás?

Cómo iniciarse en el mundo fanfiction en cinco simples pasos:

Las páginas web. Fanfiction.net es el reino por excelencia de los fickers, pero el mundo no termina ahí. Webs que acogen todo tipo de historias, otras dedicadas a un fandom en particular, blogs, cuentas livejournal en las que se organizan retos entre escritores. Hay para todos los gustos.

La terminología fanfiction. Desde nuevas denominaciones para los géneros literarios (angst, cuando estamos hablando del drama de toda la vida), hasta llegar a todo un catálogo de términos propios sobre personajes o tipos de relatos; el mundo fic parece haber creado su propio diccionario para designar absolutamente todo a su manera. Ahí van unos ejemplos: one-shot es un relato de un solo capítulo y no más de mil palabras; OoC (out of character) son los personajes que el autor ha deformado tanto que ya no guardan ninguna similitud con el original; y disclaimer es la advertencia legal que se coloca al inicio de cada capítulo para indicar que los derechos de propiedad intelectual corresponden al autor de la obra original.

Los reviews. Es decir, los comentarios que dejan los lectores. El único índice de popularidad fiable. No están necesariamente relacionados con la calidad de la historia, pero sí con su número de lectores. Un fic con más de mil reviews es un todo un éxito. Si además los ha conseguido en menos de diez capítulos, se merece entrar directamente al salón de la fama.

Los autores. Un poco de todo y de todo un poco. Adolescentes enamoradas de vampiros vegetarianos que brillan a la luz del sol, adultos que aún esperan una carta de Hogwarts (aunque ya se les haya pasado el arroz) o empollones que pueden recitar de memoria los diálogos de El señor de los anillos (en élfico, por supuesto). La fauna típica y tópica del mundo fanfiction es muy abundante. Aunque también los hay (muchos) que escapan a las generalizaciones.

Los fandom. El hábitat natural del fanfiction son las novelas, pero la inspiración no se agota en las páginas de un libro. Hay lugar para lo clásico (películas, cómics y series de televisión), pero también para videojuegos, anime o musicales. Incluso se da cabida al crossover, o mezcla de varias obras de referencia en una misma historia.

Nuevos vecinos en la estantería #2

domingo, 10 de noviembre de 2013

Estos son los libros que han caído en mi estantería este mes. Algunos reciclados o rescatados de otras estanterías porque mis bolsillos tienen poco fondo. Bastantes clásicos, algo de periodismo y el único cómic al que sigo siendo fiel.




Ana Karenina, de Lev Tolstoi. El pobre está ajado, viejo y amarillento. Pero eso también es parte de su encanto. Lo rescaté de la estantería de casa de mis padres después de varios meses tras él (la típica historia del libro prestado que tarda siglos en volver). Pretendo empezar el año con él.

Mansfield Park, de Jane Austen. Lo cogí al azar en la librería sin saber que es el título de Austen que menos suele gustar. Llevo la mitad y es entretenido, aunque la protagonista necesita urgentemente un buen chute de sangre en vena.

A sangre fría, de Truman Capote. Era de los veteranos en mi lista de pendientes. Últimamente lo he escuchado mencionar varias veces en clase, así que me animé a llevármelo a casa. Creo que me pondré con él en cuanto termine con Mansfield Park, para que se note bien el cambio de registro.

La marca del meridiano, de Lorenzo Silva. Premio Planeta 2012 y novela policíaca de un autor del que hace tiempo que quiero leer algo.

Hay algo que no es como me dicen, de Juan José Millás. La crónica del caso Nevenka Fernández narrada por uno de los tipos que mejor escriben en este país. Millás documenta la historia de Nevenka, la joven concejal de Hacienda del Ayuntamiento de Ponferrada (León) que en 2001 dimitió de su cargo y denunció al entonces alcalde de la ciudad, Ismael Álvarez, por acoso sexual.

Astérix y los Pictos, de Jean-Yves Ferri y Didier Conrad. Los últimos cómics de Astérix han rozado la categoría de vergüenza ajena. Por eso cuando leí que pensaban sacar uno nuevo, con dibujante y guionista diferentes, no supe qué pensar. En fin, era difícil degradar la historia más de lo que lo había hecho Uderzo. Pero cuando lo ví en la librería, tan nuevo, con ese resumen y esa portada que olían tanto a las historietas clásicas… piqué.

Nuevos vecinos en la estantería #1

viernes, 11 de octubre de 2013

Soy defensora del papel y enemiga declarada del libro electrónico. Cada Navidad y cumpleaños tengo que recordar que no quiero que me regalen uno... porque sé que acabaría utilizándolo. Y me odiaría a mí misma por ello. No hay nada más bonito que leer un libro en papel y, al terminar, colocarlo en la estantería. Como el presupuesto de una becaria-precaria no da para mucho, me tengo que conformar con las ediciones de bolsillo. De momento, estos son mis nuevos vecinos en la estantería.


Por los pelos, de Marian Keyes. Soy fan incondicional de Marian y siempre digo que de mayor quiero escribir tan bien como ella. Hay veces que simplemente me apetece leer uno de sus libros. Voy poco a poco, porque aunque su catálogo es extenso, también es de ese tipo de libros que si lees varios, uno detrás de otro, pueden cansar. Marian es chick-lit, pero del que está tan bien escrito que es injusto encasillarlo (y menospreciarlo) con etiquetas.

Los guardianes de la libertad, de Noam Chomsky y Edward S. Herman. Es de esos libros que aparecen en todas las listas de lecturas recomendadas en cualquier asignatura de Periodismo. Me animé con él con excusa, porque tenía que leerlo para examinarme de una asignatura. Habla de la manipulación en la prensa y de cómo los medios son un instrumento en manos del establishment, así que es una de esas lecturas sesudas que hay que tomarse con calma.

El Imperio, de Ryszard Kapuściński. Si Chomsky es lectura obligatoria en Periodismo, Kapuściński y su Los cínicos no sirven para este oficio es casi una asignatura más en la carrera. De El Imperio apenas llevo cien páginas y ya me tiene encantada. Y muerta de envidia por lo bien que escribe y por esa facilidad que tiene para mezclar la reflexión, las lecciones de historia y la crónica de sus viajes por la Unión Soviética.

Las uvas de la ira, de John Steinbeck. No me puedo resistir a un buen clásico a menos de 10 euros. Me da miedo y respeto empezar con él, pero ya lleva más de un mes en la estantería, así que creo que va siendo hora de ser valiente y abrirlo de una vez. En cuanto termine con El Imperio.