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Recuento #7: Agosto 2015

sábado, 5 de septiembre de 2015

Soy feliz porque Goodreads me dice que solo llevo ocho libros de retraso con respecto a mi reto de este año. Sí, suena mal, pero no he conseguido leer ni la mitad de lo que me propuse, así que permitidme que piense en positivo. En agosto le he dado un pequeño empujón a mi estantería y he conseguido tachar seis libros (!) de mi lista de pendientes. Y sin vacaciones de por medio.

Ahí va el recuento, del que por el momento solo han caído dos reseñas (Isla está en camino y Red Queen me lo guardo para cuando salga en español este otoño):




Reseña: La chica del tren, de Paula Hawkins

sábado, 29 de agosto de 2015


Planeta 2015 496 páginas


¿Estabas en el tren de las 8.04? ¿Viste algo sospechoso? Rachel, sí. Rachel toma siempre el tren de las 8.04 h. Cada mañana lo mismo: el mismo paisaje, las mismas casas… y la misma parada en la señal roja. Son solo unos segundos, pero le permiten observar a una pareja desayunando en su terraza. Siente que los conoce y se inventa unos nombres para ellos: Jess y Jason. Su vida es perfecta, no como la suya. Pero un día ve algo. Sucede muy deprisa, pero es suficiente. ¿Y si Jess y Jason no son tan felices como ella cree? ¿Y si nada es lo que parece? Tú no la conoces. Ella a ti, sí.

Reseña

Siempre pico. Me ponen delante un thriller superventas del que todo el mundo habla y pico. La chica del tren se me cruzó por delante una tarde de domingo y, a la mañana siguiente, ya lo había terminado. Ahí se acaba lo bueno de esta historia que comienza con un tren. El de las 8.04. El que Rachel toma todas la mañanas. Y desde el que ve la vida perfecta que Jason y Jess, un joven matrimonio del que no sabe nada, llevan en una de las casas que ella contempla cada día a lo largo del recorrido de las vías. Entonces, la mujer a la que observa todas las mañanas desaparece en una noche de sábado de la que Rachel no recuerda nada.

Hacía tiempo que no me encontraba con un conjunto de personajes tan detestables. Probablemente desde Perdida. Rachel es una alcohólica que ha perdido el control sobre su vida y que, en lugar de inspirar compasión, llega a ser repulsiva y exasperante. No es lo peor con lo que el lector se encuentra. Por las páginas de La chica del tren desfilan otros cinco personajes principales, cada uno con sus secretos y sus miserias. Ninguno de ellos consigue arrancar el menor atisbo de empatía.

Hacía tiempo, también, que no leía una novela con tanto tufo a telefilme de sobremesa. Sí, probablemente desde Perdida. Las comparaciones entre ambos libros son recurrentes en todas las entrevistas que le hacen a su autora, Paula Hawkins, una periodista británica que ya había escrito varias novelas románticas sin apenas reconocimiento. Las dos novelas han sido un éxito fulminante, tejido alrededor de la desaparición de una mujer joven y guapa, y aderezado con maridos sospechosos y relaciones amorosas destructivas que se derrumban. Ahí terminan las similitudes.

Perdida, con todas sus incongruencias y ese personaje principal totalmente histérico y sacado de tiesto, guardaba un giro en el argumento que nadie se podía esperar. En La chica del tren, ni siquiera hay ese pequeño consuelo, sino que el final se ve venir desde la mitad del libro. Y eso que yo soy de ese tipo de lectores que nunca, nunca adivina quién es el asesino. De hecho, me pasé las últimas 50 páginas pensando que, en el último momento, la historia iba a dar otro giro. Buscaba pistas escondidas en cualquier frase y sonrisa de los personajes. Pero no ocurrió nada más... excepto que el final resultó ser tan decepcionante como ya preveía.

Le reconozco a La chica del tren que la historia comienza muy bien. La lectura es ágil, el ritmo es relativamente rápido, los capítulos se desarrollan en una atmósfera de paranoia muy conseguida y el argumento parte de ciertas premisas que resultan muy atractivas. El tren que nos lleva cada día al trabajo, desde el que vemos pasar por delante de nuestros ojos vidas captadas en milésimas de segundo y de las que no tenemos mayor idea que esa foto fija. La curiosidad por el día a día de los demás, por saber qué ocurre tras las puertas cerradas y las persianas bajadas. La necesidad de sentirse parte del algo, aunque ese algo sea una historia oscura y violenta. Lástima que lo que tan bien comienza, termine siendo otro atajo de lugares comunes y escenarios trillados.


lo mejor
Es de ese tipo de libros que se leen en un suspiro, sin apenas esfuerzo. Comienza muy bien, aunque luego se desinfle. Buena parte de la acción se desarrolla en una atmósfera paranoica muy creíble.
lo peor
Los personajes son detestables, el final resulta previsible, el argumento cae rápidamente en tópicos dignos de un mal telefilme y al final queda la sensación de que, aunque la premisa era buena, la autora no ha sabido aprovecharla.


Recuento #4: Enero 2015

domingo, 1 de febrero de 2015

Se acaba (por fin) enero y toca hacer recuento de lecturas. No he empezado el año con mucha fuerza, solo dos libros leídos y otros dos cómics... aunque el marcador de Goodreads me dice que voy bien para la meta de 45 libros que me he marcado.

Lo bueno es que tengo Ana Karenina (uno de mis retos para 2015) a punto de caramelo y casi todo lo que he leído está reseñado ya en el blog. Como siempre, dejo aquí la lista para ir completándola. 











Mini-reseñas #3: El lémur y Blacksad

martes, 27 de enero de 2015

Una entrada rápida para ir finiquitando las lecturas de diciembre que me quedan todavía pendientes de reseñar y un par de maravillas (al menos para la vista) con las que he empezado el año. Esta vez voy con novela negra: El lémur, de Benjamin Black, y los tomos dos y tres de la serie de cómics Blacksad

El lémur, de Benjamin Black. John Banville, último premio Príncipe de Asturias de las Letras, utiliza el seudónimo de Benjamin Black para escribir novela negra. Quería leer algo de él, pero no me atrevía con su obra más seria, así que un día en la librería me llevé El lémur a casa, sin saber muy bien por qué (y a pesar de esa portada tan fea).

La premisa parecía prometedora: John Glass, un periodista retirado, recibe el encargo de su suegro, un poderoso exagente de la CIA reciclado en magnate de la comunicación, para que escriba su biografía. Pero para eso hay que escarbar en el pasado y Glass, temeroso de ensuciarse las manos, decide contratar a un joven investigador para que le eche una mano con el trabajo sucio. Poco después, como es previsible, su ayudante aparece muerto. A partir de ahí, comienza a desenredarse la madeja que une el pasado y el presente del protagonista y su familia política, una cuidada fachada que esconde unos cuantos secretos desagradables.

La lectura fue rápida y ágil, y la prosa es casi perfecta, con frases construidas de forma que ni les sobra ni les falta una palabra. El hilo argumental, algo previsible al principio, esconde alguna que otra sorpresa. Aún así, no disfruté de El lémur por culpa, sobre todo, de sus personajes: alta sociedad neoyorquina retratada en algunos casos a golpe de caricatura y tópico. No fui capaz de conectar con ninguno de los nombres que desfilan por sus escasas 200 páginas, ni siquiera con su protagonista y el matrimonio tan infeliz que arrastraba. Y al final, me daba igual quién fuera el asesino, pues todos me provocaron una soporífera indiferencia.


Blacksad 2. Arctic-Nation, de Juan Díaz Canales y Juanjo Guarnido. Qué portada. Qué dibujos. Qué colores. Para quedarse horas muertas mirando y remirando cada viñeta. Me enganchó el primer volumen de esta serie de cómics, que sigue las peripecias de John Blacksad, un detective privado en los Estados Unidos de los años cincuenta. Cumple todas las máximas que esperarías de un personaje así: trajeado y con su gabardina siempre encima, fuma, tiene mala leche y un puño con peor humor todavía. Ah, sí. Y además es un gato.

Si el arranque de la serie, Un lugar entre las sombras, giraba alrededor de un misterioso asesinato y se ajustaba a todos los tópicos que uno puede esperar del género negro, este segundo volumen desarrolla un argumento algo más complejo. John Blacksad es esta vez un forastero en una ciudad envenenada por el enfrentamiento racial, donde una niña negra acaba de desaparecer. El dibujo es, si cabe, aún más espectacular que en la primera historia, sobre todo en los escenarios cubiertos de nieve, que son recurrentes en Arctic-Nation. Y la trama, que en el primer cómic iba un paso por detrás de la ilustración y a ratos pecaba de simple y previsible, está ahora algo más trabajada. Me llamó especialmente la atención cómo los autores fueron capaces de trasladar el conflicto racial a una historieta que protagonizan personajes antropomórficos. El resultado no chirría en absoluto.


Blacksad 3. Alma roja, de Juan Díaz Canales y Juanjo Guarnido. Siguiendo con la tónica de retratar conflictos de los Estados Unidos en la década de los cincuenta, el tercer volumen de Blacksad tiene como telón de fondo y excusa dos hechos históricos: la carrera por desarrollar armamento nuclear que los norteamericanos y los soviéticos protagonizaron ya en los primeros compases de la Guerra Fría, y la caza de brujas del macarthismo.

Esta vez, John Blacksad, relegado a tareas de guardaespaldas de un ricachón para ganarse la vida, se reencuentra con un antiguo profesor. Su maestro de la adolescencia ha llegado a ser una eminencia en el campo de la energía nuclear y, por sus conocimientos y su círculo de amigos intelectuales sospechosos de ser comunistas se encuentra en el ojo del huracán. El argumento me pareció algo más flojo que el de Arctic-Nation, no conseguí involucrarme tanto con los personajes y el romance fugaz que aparece en sus páginas me dejó bastante fría. Pero, aún a riesgo de sonar repetitiva, ese dibujo de Juanjo Guarnido compensa cualquier fallo que pueda tener el guion. 

Recuento #3: Diciembre 2014

sábado, 3 de enero de 2015

¿Qué tal os está tratando el nuevo año? Llevamos ya tres días de 2015 y yo todavía sigo pensándome a qué desafíos apuntarme. Mientras me decido, os dejo el recuento rápido de diciembre. Empiezo el año de lecturas con Sentido y sensibilidad y cierro el último mes de 2014 con cinco libros leídos y un par de alegrías, pues en la lista se han colado dos de mis mejores lecturas del año, las de Capote y Rainbow Rowell, con la que sigo fangirleando.

De momento solo he comentado My true love gave to me, pero las reseñas de Sombra y hueso, Attachments y A sangre fría ya están preparadas. Dejo aquí la lista de reseñas para ir completándola:



Lo mejor y lo peor de 2014

martes, 30 de diciembre de 2014

Casi se nos escapa ya el año 2014, que me ha dejado 30 libros leídos en la mochila, un par de decepciones y otros dos que van directos a mis cajón de lecturas favoritas.

lo peor
Perdida, de Gillian Flynn. No soy sospechosa de tirar por el suelo el típico best-seller del año. Suelo disfrutarlos y los leo sin reparos y sin prejuicios, pero en Perdida no fui capaz de encontrar nada bueno, excepto que, por lo menos, se avanza rápido en la historia. El argumento, lleno de giros imposibles, me pareció más el de un telefilm de sobremesa que el de una novela coherente. La reseña, aquí.

Lolita, de Vladimir Nabokov. Me duele incluirlo entre mis peores lecturas del año, pero más me dolió leerlo. Sé que debería ser una delicia, que con solo leer la primera página es evidente que Nabokov es un maestro de la palabra, no sólo para servirse de ella y contar historias, sino para hacer que sus frases tengan una sonoridad y una estética que las convierten en bellas por sí mismas, más allá del contenido. Pero el contenido de Lolita traspasa para mí una línea roja que ni siquiera yo sabía que tenía en la cabeza. No encontré la historia de amor por ninguna parte, ni siquiera fui capaz de burlarme del personaje de Humbert Humbert, retratado de forma tan patética y miserable. Solo pude leer un relato de pedofilia que se me atragantó en muchos momentos. Siempre había pensado que cada libro tiene su momento, pero desde Lolita sé que hay historias que para mí nunca podrán tener su momento.

lo mejor
Americanah, de Chimamanda Ngozi Adichie. Aunque suene a broma, conocí a Chimamanda Ngozi Adichie gracias a una canción de Beyoncé. Su voz suena en ***Flawless, que utiliza un extracto de la charla We should all be feminists de esta escritora nigeriana. Escuché la conferencia y me cayó bien. Leí su último trabajo, Americanah, y me gustó su franqueza, a veces descarnada y a veces salpicada de humor e ironía, al abordar temas como el racismo, la desigualdad o la pobreza.

La trilogía de Nueva York, de Paul Auster. Aún hoy sigo sin saber exactamente de qué va este libro. Son tres historias, con la ciudad de Nueva York como escenario y con un misterio que resolver —en ocasiones por detectives profesionales y otras, por meros aficionados— como excusa para escribir. Auster no descifra ninguno de los enigmas y lo único que se me ocurre es que La trilogía de Nueva York habla de personajes que se pierden a sí mismos mientras están buscando algo.

Fangirl, de Rainbow Rowell. Este ha sido el año en el que me he hecho fan de Rainbow Rowell. Me había gustado Eleanor & Park, pero con Fangirl me uní definitivamente a su club de seguidores. Es todo un homenaje al mundo fanfiction, que para mí ha sido una constante y, a veces, también un refugio y una escuela de escritura desde mi adolescencia. Era imposible que un libro así no me gustara. La reseña, aquí.

Attachments, de Rainbow Rowell. Para seguir fangirleando con esta autora, que me enamora con todo lo que escribe. Me gusta que a partir de situaciones sencillas y cotidianas, sea capaz de crear historias que te envuelven y personajes con los que es inevitable empatizar. Attachments, su primera novela, es un buen ejemplo de ello.

A sangre fría, de Truman Capote. Increíble de principio a fin. Lo terminé el día de Navidad y su recuerdo todavía no me ha abandonado. Me he sentado un par de veces a escribir la reseña, pero no he sido capaz de ordenar mis pensamientos. Solo sé que es tremendamente complicado reescribir un crimen real, cuyo final todos sabemos antes de empezar a leer, y enganchar de la manera en que lo hace Capote.

Jane Eyre, de Charlotte Brontë. No tenía ninguna duda de que esta había sido mi mejor lectura del año, que se ha convertido además en uno de mis libros favoritos. Por el señor Rochester, sí, pero sobre todo por su protagonista. Jane Eyre es la definición de la heroína perfecta, del personaje complejo que te atrapa y te hace sufrir y respirar aliviada durante todo el viaje que una emprende al comenzar a navegar por sus páginas. Jane Eyre es además un grito feminista y por la igualdad que está muy lejos de ser una simple historia de amor.




Nuevos vecinos en la estantería #5

domingo, 28 de diciembre de 2014



¿Qué tal las fiestas? ¿Sobrevivimos a los empachos? Yo a duras penas. Por suerte el otro día me encontré debajo del árbol unos cuantos libros que ya esperan hueco en la estantería. Os dejo la foto de grupo y os cuento un poco de ellos, como siempre en riguroso orden de aparición.

Blacksad. Amarillo, de Juan Díaz Canales y Juanjo Guarnido. Es, por el momento, el último volumen de la serie de cómics Blacksad, historias de novela negra que protagoniza un detective con forma de gato. Solo he leído el primero, así que este de momento se queda a la espera de que me haga con el resto.

El impostor, de Javier Cercas. Tengo el mal hábito de apenas leer autores españoles, mucho menos novedades porque el bolsillo no me da para tanto. Pero con este libro me picó la curiosidad al escuchar una entrevista en la radio a su protagonista: Enric Marco, un nonagenario barcelonés que durante décadas se hizo pasar por un superviviente de los campos de concentración nazis.

Sombra y hueso, de Leigh Bardugo. El primero de la trilogía Grisha, que mezcla fantasía, con elementos de la cultura rusa y un triángulo amoroso juvenil. Me lo he ventilado ya en apenas un día, me lo esperaba mejor (a ratos la protagonista huele un poco a Mary Sue), pero por lo menos es muy entretenido, así que me apunto el siguiente en la lista para los Reyes Magos.

Homenaje a Cataluña, de George Orwell. 1984 es uno de mis libros favoritos, pero nunca leí nada más de Orwell, no se muy bien por qué. 2015 está para ponerle remedio.

El lémur, de Benjamin Black. Una historia de asesinatos y misterios que comienzan a salir a la luz cuando un periodista retirado recibe el encargo de escribir la biografía de su suegro, exagente de la CIA reconvertido en magnate de la comunicación. Ahora mismo estoy con él, lectura ligera y rápida de apenas 200 páginas.

American gods, de Neil Gaiman. Me da miedo por el tocho considerable que es, porque llevo ya tiempo queriendo hincarle el diente a algo de este autor del que solo leo cosas buenas y porque no quiero que me decepcione.

Sentido y sensibilidad, de Jane Austen. Para empezar el año de lecturas con Austen, que sé que nunca me falla.

Reseña: Blacksad. Un lugar entre las sombras, de Juan Díaz Canales y Juanjo Guarnido

sábado, 20 de diciembre de 2014


Díaz Canales y Guarnido. Norma Editorial. 2001. 48 páginas

Estos dos jóvenes autores españoles entran por la puerta grande del mundo del cómic con el primer álbum de una nueva serie que dará mucho que hablar. Género policiaco con animales antropomórficos en un ambiente de serie negra magistralmente ilustrado por Juanjo Guarnido.

"Hay mañanas en las que cuesta más trabajo digerir el desayuno. Sobre todo si amaneces frente al cadáver de un viejo amor...". La frase con la que arranca Un lugar entre las sombras, el primer volumen de la serie de cómics Blacksad, establece perfectamente el tono de la historia y deja sobre la mesa sus ingredientes básicos: un detective bien bregado en los bajos fondos de una gran ciudad y una joven actriz, con la que tuvo una relación en el pasado, que aparece muerta en su lujosa mansión. Argumento de manual de cualquier novela negra, con la salvedad de que ese detective, John Blacksad, es un gato. Bien elegante y siempre con su gabardina a cuestas, para más señas.

Por las calles de lo que parece ser el Nueva York de los años cincuenta desfilan personajes directamente sacados de la lista de básicos para construir una novela negra. La bella actriz con toques de femme fatale (una gata), el comisario firme pero dispuesto a lo que sea para cazar al asesino (un pastor alemán, por supuesto), el principal sospechoso que se mueve sibilino entre las sombras (una serpiente)... Todos son antropomórficos y, de alguna forma, el animal elegido para representarlos se adapta a la perfección al papel que juegan en la historia.

Lo más sorprendente es, sin embargo, el modo en que el trazo de Juanjo Guarnido (que ha trabajado, por ejemplo, como animador para películas de Disney como Hércules o Tarzán) consigue dibujar todo tipo de emociones en el rostro de sus personajes y que el enfado, la ira o la desolación resulten perfectamente humanas en la cara de un gato, un perro, un león o lo que se le ponga por delante.

El guión, que lo firma Juan Díaz Canales, sigue un hilo argumental corto, sin demasiadas complicaciones ni giros inesperados. Los malos son quienes uno se puede esperar y los buenos hacen todo lo que uno podría pensar que harían para resolver el enigma. Blacksad se mueve entre ese guión lleno de lugares comunes de cualquier novela negra y un dibujo extraordinario. Lo de los lugares comunes no le resta apenas al conjunto. El disfrute, más que en esperar vueltas de tuerca en el argumento, está en detenerse en los detalles de cada viñeta: los rascacielos, las mujeres exuberantes, las pistolas y las gabardinas, la acción constante acción, los cigarrillos y los bares de mala muerte. Lo que decía, novela negra de manual pero dibujada con una maestría que atrapa.

Y una nota al pie: Blacksad ha ganado este año el Premio Nacional de Cómic en España, pero fue la editorial francesa Dargaud la primera en apostar por la historia y publicó este primer volumen en el año 2000. Por cierto, que uno de sus creadores, Díaz Canales, se agarró un cabreo de lo más coherente cuando, sin haber recibido prácticamente ningún apoyo en España, alguien decidió incluirles en la página web de Marca España. Por presumir del esfuerzo ajeno, que no quede. Yo ya tengo los siguientes cuatro volúmenes apuntados en la lista para los Reyes Magos.

Lo mejor: El dibujo, el detalle con el que está ideado ese ambiente sórdido y oscuro de una gran ciudad en los años cincuenta, la maestría para tratar con animales y que sus expresiones resulten tan humanas.
Lo peor: El guión es la parte más floja, pero la combinación con el dibujo prácticamente salva cualquier error.


Nuevos vecinos en la estantería #4

sábado, 6 de diciembre de 2014

Mis nuevas adquisiciones. Algunas ya las he mencionado por aquí, pero ahí van en la foto (navideña) de grupo...

Blacksad. Un lugar entre las sombras, de Juan Díaz Canales y Juanjo Guarnido. Leído ya, al pobre no se le ve casi, está enterrado por los demás en la parte de abajo del gif. Un lugar entre las sombras es el primer volumen de una serie de cinco cómics que protagoniza John Blacksad, un gato muy elegante que no se quita nunca la gabardina de encima y resuelve crímenes en los Estados Unidos de los años cincuenta. Suena raro, pero sobre el papel el resultado es genial.

Reportajes, de Joe Sacco. Más cómic, aunque esta vez en el terreno del periodismo. Otra mezcla que puede resultar rara, pero tiene una pinta tremenda. Recopila varios reportajes que Sacco ha publicado en prensa. Sus dibujos viajan a conflictos y países como Irak, Palestina o los inmigrantes africanos que intentan llegar a Europa.

Half of a yellow sun, de Chimamanda Ngozi Adichie. En verano me leí el último libro de esta escritora nigeriana, Americanah, y casi desde las primeras páginas se convirtió en uno de mis descubrimientos del año. Half of a yellow sun se sitúa en su Nigeria natal, en mitad de la guerra civil que dividió al país en los años sesenta, para contar la historia de tres vidas que se entrecruzan. Yo lo compré en inglés, pero está traducido al español.

Attachments, de Rainbow Rowell. No puedo para de leer novelas de Rainbow Rowell. Después de Fangirl y Eleanor & Park, ahora mismo me estoy devorando su debut, Attachments, que creo que de momento solo está en inglés. Habla sobre nerds, correos electrónicos en los noventa y la redacción de un periódico local a punto de entrar en la era digital. Me encanta.

My true love gave to me, editado por Stephanie Perkins. Doce historietas cortas escritas por otros tantos autores de literatura juvenil con dos ingredientes en común: el amor y la Navidad. Tengo muchas ganas de hincarle el diente. Ahora que ya he puesto el árbol, me parece apropiado empezar a leerlo. Y sí, entre esos doce autores está Rainbow Rowell.

Ahí están, en riguroso orden de aparición. Las pinzas de Papá Noel son solo para el atrezo.

Recuento #2: Noviembre 2014

lunes, 1 de diciembre de 2014

Recuento de los libros leídos este mes. Ha sido productivo, aunque solo sea para salvar el año (y lo mal que voy con mis retos). Lo malo es que no he encontrado nada que me haya enamorado... excepto el primer cómic de Blacksad, que es una maravilla (reseña en breve).

Aquí va la lista de los que he comentado:



Reseña: Perdida, de Gillian Flynn

martes, 18 de noviembre de 2014

Gillian Flynn. Mondadori. 2012. 568 páginas

En un cálido día de verano Amy y Nick se disponen a celebrar su aniversario de bodas en Misouri. Como cada año, Nick espera hasta el último minuto para comprarle el regalo a Amy. No obstante, no va a hacer falta, puesto que Amy desaparece esa misma mañana sin dejar rastro.

La cosa con Perdida pintaba bien antes de empezar. Best-seller. Thriller sobre la desaparición de una mujer. Película dirigida por David Fincher, que me descubrió a Chuck Palahniuk con El club de la lucha. De esos libros que uno sabe que se va a tragar página tras página, sin parar para tomar un respiro. La cosa con Perdida pintaba bien hasta la mitad del libro, cuando el misterio a resolver se convirtió en un telefilme de sobremesa. De los infumables, para más señas.

La pena es que la premisa, aunque trillada, no estaba mal. Amy y Nick despiertan en su casa, el día en que van a celebrar su quinto aniversario. Pero a media mañana, él descubre que su esposa ha desaparecido y el desastre en su salón demuestra que, al menos, ha habido un forcejeo antes de que Amy, con su cabello rubio y su hermoso rostro, se esfumara.

La historia se va desarrollando en dos tiempos: el presente, con la narración de Nick, y el pasado de su relación, entre el cómo se conocieron y los días previos a su desaparición, desde el punto de vista de Amy, que siempre está presente a través de las páginas de su diario. Hay algo que la autora hace especialmente bien al conseguir darle a cada uno de ellos una voz distintiva, diferenciada. Y el lector va construyendo el retrato de ambos a través de esa voz, pero también de la visión que el otro tiene de su pareja.

Las sospechas sobre la desaparición de Amy recaen, casi desde el principio, en Nick. Su papel de marido, pero sobre todo su carácter impertérrito y el hecho de que no parezca en absoluto afectado le señalan directamente como responsable. Lo mismo hace la prensa, que rápidamente se interesa por la desaparición. Ese es otro de los puntos interesantes de Perdida: cómo los medios de comunicación y la opinión pública van modelando la realidad de una historia, hasta construir su propia verdad, la única posible.

La lástima es que, a mitad de camino, la autora se vuelva loca. Entre giros y giros de la trama, aquello se convierte en un festival de inverosímil. Para no destripar detalles, solo digo que una cosa es sorprender al lector y otra muy diferente es estrujar la historia con el único fin de dejarle noqueado en cada página. Entre lo previsible y lo infumable hay un sano punto intermedio: el de los argumentos coherentes.

Lo mejor: La lectura se hace ligera y el ritmo de la historia resulta rápido. El papel que juegan los medios de comunicación en este tipo de historias. Al principio, la cosa pinta bien... hasta que el infierno de las tramas inverosímiles se desata.
Lo peor: Cómo los personajes se van desdibujando para servir a una trama que, al final, está totalmente sacada de madre. Que Ben Affleck salga en la portada de mi libro (esa manía de cambiarlas una vez que sale la película).


Reseña: La verdad sobre el caso Harry Quebert, de Joël Dicker

lunes, 14 de octubre de 2013

Joël Dicker. Alfaguara. 2012. 660 páginas

Una gran novela policiaca y romántica a tres tiempos acerca del asesinato de una joven de quince años en la pequeña ciudad de Aurora, en New Hampshire. En 2008, Marcus Goldman, un joven escritor, visita a su mentor —Harry Quebert, autor de una aclamada novela—, y descubre que éste tuvo una relación secreta con Nola Kellergan. Poco después, Harry es arrestado, acusado de asesinato, al encontrarse en cadáver de Nola enterrado en su jardín. Marcus empieza a investigar y a escribir un libro sobre ello. Mientras intenta demostrar la inocencia de Harry, una trama de secretos sale a la luz.

“El primer capítulo, Marcus, es esencial. Si a los lectores no les gusta, no leerán el resto del libro”. Es un consejo. El primero de una larga lista de lecciones sobre la difícil tarea de escribir, pero también sobre la vida, que el afamado escritor Harry Quebert quiere inculcar a su discípulo, Marcus Goldman, a lo largo de las más de 600 páginas de La verdad sobre el caso Harry Quebert. Y a juzgar por cómo arranca el libro —con la llamada de una mujer a la policía de Aurora, un pequeño pueblo norteamericano, alertando sobre la posible muerte de una joven a manos de un hombre— parece como si Joël Dicker, el autor, se hubiera marcado como objetivo seguir al pie de la letra los consejos que da su propio personaje. 

Como indica el resumen del libro, el argumento se desarrolla en tres tiempos: durante el verano de 1975, en el que Harry Quebert se refugia en Aurora para escribir una obra maestra y se enamora de la adolescente Nola Kellergan, mucho más joven que él y que poco después desaparecerá sin dejar rastro; en 1998, cuando Marcus Goldman, un brillante y joven aspirante a escritor, conoce a Harry Quebert en la universidad; y en 2008, cuando el cadáver de la pequeña Nola aparece enterrado en el jardín de la casa que Harry Quebert tiene en Aurora. 

Cada capítulo arranca con uno de los consejos de Harry Quebert sobre cómo escribir un libro. Y cada capítulo es, también, una sucesión de personajes, conversaciones, revelaciones y giros inesperados, todos con un marco común: el misterio sobre la muerte de Nola Kellergan y el pueblecito de Aurora, un lugar aparentemente apacible donde, sin embargo, al escarbar un poco sobre la superficie, uno descubre que cada vecino esconde su propio secreto que quiere ocultar a toda costa porque le convierte en sospechoso de la muerte de la pequeña Nola. 


Después de un año de parón creativo e incapaz de escribir nada tras el éxito de su primera novela, Marcus Goldman, el discípulo de Harry Quebert, se traslada desde Nueva York hasta Aurora para investigar el crimen y demostrar la inocencia de su maestro, con la ayuda de un policía gruñón con el que hace una pareja estupenda. Es allí donde, empujado por su editor, que le exige una nueva novela, decide que la verdad sobre el caso Harry Quebert merece ser escrita y publicada. 


La trama está elaborada de forma muy inteligente y logra mantener el misterio desde la primera hasta la última página. Cuando crees que las piezas comienzan a encajar, el autor se marca un giro inesperado y tienes que volver a comenzar con el puzle. Los diálogos son ágiles e inteligentes y los personajes están bien construidos, con la excepción de la madre del protagonista, con la que creo que el autor quería incorporar una nota cómica a la historia, pero que resulta ser una madre cargante y absurda sin ninguna pizca de gracia. A pesar de que el ritmo de la narración avanza de forma muy rápida, el autor también encuentra hueco para dar profundidad a su protagonista, gracias sobre todo a los flashbacks, que muestran a un Marcus Goldman universitario consciente de que es un tipo brillante, pero que prefiere competir contra mediocres porque así se asegura la victoria. 

A La verdad sobre el caso Harry Quebert se le han encontrado parecidos y semejanzas con Nabokov y su Lolita, con Larsson y su trilogía Millennium e incluso con Philip Roth y su Pastoral americana. Se ha traducido a más de treinta idiomas y estoy segura de que este verano ha sido el título más visto en playas y piscinas. Para mí, fue uno de esos libros que no sabes de dónde salen pero que, de repente, están por todas partes. Creo que la primera vez que lo vi fue en el trabajo, un compañero debía de estar leyéndolo y lo dejó sobre la mesa. Me llamó la atención por el cuadro de Edward Hopper que ilustra su portada y que, perdón por el mal juego de palabras, le va que ni pintado. Luego volví a verlo en la librería, esta vez anunciado a bombo y platillo a la entrada. No había duda de que se trataba del aspirante a best-seller del verano. Lo compré sin ni siquiera leer la contraportada y no fue en absoluto una mala decisión.

Lo mejor: lo bien construida que está la trama, lo inesperado del final (al menos para mí), lo que engancha desde la primera página y lo bien conseguida que está la atmósfera del libro, en ese típico pequeño pueblo americano donde todos los vecinos tienen algo que esconder. 
Lo peor: Lo corto que se me hizo, a pesar de ser un tocho considerable, el personaje de la madre del protagonista y que éste a veces pareciera un investigador más experimentado que la propia policía.