Todavía no he terminado mi año de lecturas y estoy a punto de conseguir mi reto de leer 45 títulos, pero voy a hacer una pequeña trampa y publicar ya mi resumen con lo mejor (y lo peor) que me ha dejado 2015 en la estantería. No ha sido un año de grandes desastres, aunque tampoco de amores desatados, por lo que he tenido que pensarme un poco qué incluir en la lista. El mejor libro, eso sí, lo tenía clarísimo. Y los peores, todavía más.
lo peor
La chica del tren, de Paula Hawkins. El año pasado masacré
Perdida en
mi resumen lector de 2014 y este año pienso hacer lo mismo con su hermana gemela. Digno del
mejor peor guión de película de sobremesa, no solo es infumable, sino que resulta totalmente previsible. Sé que
el domestic noir está de moda, pero si esto es lo mejor que tiene que ofrecer, creo que me espero al siguiente tren. La reseña,
aquí.
Pastoral americana, de Philip Roth. Asumo mi parte de culpa de que probablemente no tenga nivel para determinadas lecturas. Pero eso no borra una verdad: que
Pastoral americana me resultó soporífero hasta la tortura. Sí, sé que la novela tiene un Pulitzer. Sé también que es un retrato ambicioso de que cómo el sueño americano, acariciado por generaciones y generaciones de inmigrantes, puede estallar de la forma más literal posible. Pero yo no puedo ver más allá del hecho de que la acción queda enterrada entre diatribas eternas y párrafos interminables en los que el autor pretende sentar doctrina moral por boca de sus personajes. La reseña,
aquí.
Segundas oportunidades, de Rainbow Rowell. Este año he acumulado libros con puntuaciones más bajas que la que le di a
Segundas oportunidades, pero este segundo intento de Rainbow Rowell en la literatura para adultos se merece un puesto entre mis peores lecturas del año por la decepción que me llevé a leerlo. Argumento farragoso con viajes en el tiempo que no llegan a ser tal y personajes que despiertan cero empatía y a los que la autora les asigna más edad de la que deberían tener. Pondría el pretexto de que Rowell no tiene tanta buena mano con los libros para adultos como con los juveniles, pero me acuerdo de la maravilla que es
Attachments y me quedo sin excusas. La reseña,
aquí.
lo mejor
Carry on, de Rainbow Rowell. Porque me siento mal si no meto un libro suyo entre mis favoritos del año. Y porque se lo merece. Aunque solo sea por haber cumplido el sueño de todo fan de Harry Potter de escribir una historia sobre un colegio de magos y que el resultado le haya salido redondo. La reseña,
aquí.
Reportajes, de Joe Sacco. Este año le he dado fuerte al cómic y a la novela gráfica y, si tengo que elegir un representante de esta categoría, me quedo sin pensarlo con Joe Sacco. Periodismo en formato cómic que algunos tacharían de militante, pero que muestra de forma descarnada la realidad de aquellos que sobreviven a la guerra y al hambre, desde Irak hasta Bosnia y de ahí a los campos de refugiados de Malta, sin más artificio que sus preguntas y sus dibujos.
Six of crows, de Leigh Bardugo. Más YA, que nunca puede faltar entre mis obsesiones.
Six of crows es una mezcla algo marciana, una especie de
Ocean's Eleven juvenil, ambientado en un Ámsterdam medieval, con seis protagonistas a cada cual más desesperado y que además hace las veces de
spin off de una de las mejores sagas de fantasía juvenil que he leído,
la trilogía Grisha. No me gustan los libros de acción, este está lleno de ella y aun así se merece un puesto entre mis mejores libros del año. Los diálogos son para enmarcarlos.
Corazón tan blanco, de Javier Marías. Qué mal lo pasé leyendo a Marías por primera vez. Y cómo disfruté en cuanto dejé de pelearme con su estilo. La trama, que gira alrededor de un hombre recién casado que se siente acosado por el presentimiento de que algo malo va a ocurrir con su matrimonio, parece de primeras algo telenovelesca. Pero la historia, con esa prosa tan particular del autor, se construye sobre simbolismos que se repiten y cierran toda la novela hasta dejarte con la boca abierta. La reseña,
aquí.
American gods, de Neil Gaiman. Otro estreno que no podía haber ido mejor. Y eso que lo pospuse hasta que no me quedó más remedio que lanzarme a por Gaiman. Me regalaron
American gods hace justo un año, las Navidades pasadas, y aguanté con el libro en la estantería hasta agosto. Tenía miedo de que, tras oír tanta maravilla sobre él, el único final posible para nuestro idilio fuera la decepción. Gaiman tiene pluma suficiente para convencerme de lo contrario con esta historia de dioses y timadores, mitad
thriller, mitad fantasía y todo gran novela americana, que ni el propio autor ha sido capaz de definir. La reseña,
aquí.
El temor de un hombre sabio, de Patrick Rothfuss. Este ha sido mi año de la fantasía y esta ha sido sin duda mi mejor lectura.
El nombre del viento, el primer libro de la trilogía
Crónica del asesino de reyes, me atrapó, pero este segundo capítulo, con sus 1200 páginas que parecían infinitas, me hizo romper mi regla de no recomendar sagas que estén incompletas. La culpa la tiene Kvothe, ese protagonista caradura e irresistible que soporta sobre sus hombros una historia épica y mágica por la que merece la pena quedarse en vilo esperando su final. La reseña,
aquí.