La báscula #2: ¿Mi estantería es sexista?

viernes, 23 de enero de 2015

Enero es mes de recuentos lectores. Contamos retos y propósitos (in)cumplidos. Libros leídos. Páginas que hemos dejado atrás. Títulos que hemos acumulado en la lista de pendientes. Historias que quisimos leer, aunque los 365 días del año no fueron suficientes para hacerles un hueco en nuestra estantería. Pero hay algo que solemos pasar por alto: ¿hemos leído más libros escritos por hombres o por mujeres?

Nunca me había hecho esa pregunta hasta que me topé con un estudio hecho por la red social de lectores Goodreads. La encuesta, elaborada a partir de los hábitos de lectura de 40.000 de sus usuarios más activos, arroja una conclusión muy clara: las mujeres leen mayoritariamente libros escritos por mujeres y lo mismo ocurre en el caso de los hombres. Al menos si nos fijamos en los libros publicados en 2014.

El año pasado, y teniendo en cuenta solo las novedades en el terreno de la ficción, de los 50 libros más leídos por hombres, 45 fueron escritos también por hombres y solo 5 por mujeres. El mismo dato se extrae de los hábitos de lectura de las usuarias de Goodreads, aunque con un pequeño truco: entre esos 5 títulos escritos por hombres que se colaron en la lista de los más leídos por las mujeres, uno era The Silkworm, de Robert Galbraith... que es el seudónimo que utiliza J. K. Rowling. Muy conocida es su historia de que, al comenzar a publicar Harry Potter, la editorial le pidió firmar con sus iniciales para no revelar que era una mujer, pues temían que una autora femenina ahuyentaría  a los potenciales lectores niños.

Precisamente, 2014 fue declarado El año para leer a mujeres, según una campaña lanzada por la escritora Johanna Walsh. Con el hashtag #readwomen2014, se puede seguir en Twitter esta iniciativa, que tuvo por objetivo animar a los lectores a expandir sus horizontes. 

Goodreads menciona otro estudio de Vida, la asociación americana de mujeres en la literatura, que señala que las mujeres que reseñan libros y los libros escritos por mujeres que son reseñados en las publicaciones especializadas son todavía una apabullante minoría.

Por mera curiosidad, y porque me parecía un debate interesante, hice mi propio recuento con los libros que había leído en 2014: de los 30 títulos, 14 estaban escritos por hombres y otros 15 por mujeres (el restante era una compilación de relatos de varios autores). En 2013, 25 tenían firma masculina y 18 habían sido escritos por mujeres.

El sexo del autor no es en absoluto un criterio que utilice a la hora de escoger un libro. Aún así, parece que mi estantería es paritaria. Más o menos. En realidad, ese equilibrio es engañoso si lo mezclo con los géneros que leo: me doy cuenta de que la mayoría de los libros escritos por mujeres que tengo están encasillados en la literatura juvenil o romántica y chick-lit, mientras que los hombres predominan en la literatura más seria (injusto adjetivo, pero nos entendemos), como los clásicos, los libros sobre periodismo o la novela negra.

Coincido también con la encuesta de Goodreads en que para las novedades suelo leer más a mujeres. Según el estudio, las usuarias leyeron el año pasado el doble de libros publicados en 2014 que los hombres. Y en el primer año de vida de un libro tras su lanzamiento, el 80% de los lectores de un libro escrito por una mujer son también mujeres, mientras que en el caso de los libros publicados por hombres, la cosa se iguala, y en ese primer año la mitad de su audiencia son mujeres.

Como digo, ese equilibrio entre autores masculinos y escritoras, aunque encasillándolos según el género, es una actitud totalmente inconsciente, pero quizás ahora empiece a prestarle atención, aunque solo sea por curiosidad.

¿Y vosotros? ¿Tenéis una estantería predominantemente femenina o masculina?

Reseña: Sentido y sensibilidad, de Jane Austen

lunes, 19 de enero de 2015


Jane Austen. Debolsillo. 1811. 369 páginas

Jane Austen explora con sutlieza e ironía las opciones de la mujer en una sociedad rígida, donde el éxito o el fracaso dependen de la elección del marido. La historia se centra en dos hermanas, Elinor y Marianne, cuyas personalidades antagónicas ejemplifican las dos posibles respuestas femeninas ante la hipocresía dominante: el "sentido común" y la "sensibilidad". Sin embargo, tanto un camino como el otro entrañan sus peligros.

Mientras leía Sentido y sensibilidad, pensé que si Jane Austen hubiera escrito este libro en el siglo XXI, la hubieran tachado (seguro que injustamente) de chick-lit. No sé muy bien cómo calificar esta historia. Hay intrigas amorosas, propuestas de matrimonio que se hacen esperar y suspiros por otras que nunca llegaron a hacerse realidad. Hay amantes, engaños, jóvenes enamoradas y jóvenes desilusionadas. Pero también hay crítica social, diálogos cargados de dobles intenciones y escenas donde parece que no ocurre nada, cuando lo que ocurre es la pluma de Jane Austen bien afilada de ironía.

Elinor y Marianne son dos hermanas que encarnan valores y personalidades diametralmente opuestas. Elinor es el sentido común, la educación, la paciencia, la conciencia del deber y de lo que exigen las convenciones sociales. Marianne es la adolescencia, el decir y hacer lo que una quiere, cuando le plazca, sin reparar en ningún momento en lo que dicta la razón o las reglas. Las dos acaban, sin embargo, enfangadas en situaciones muy similares: prendadas en una relación que, por un motivo u otro, no tiene muchas esperanzas de prosperar. Y eso, cuando su viuda madre no tiene apenas fortuna que legarles y encontrar un buen matrimonio es vital, deja a ambas en una situación precaria.

Leer a Jane Austen es una delicia. A sus historias no les falta de nada. Hay descripciones detalladas, paisajes verdes y mansiones, bailes, reuniones e incluso giros de tuerca inesperados en el argumento. Y en Sentido y sensibilidad hay además dos cosas especialmente bien cuidadas: el catálogo de personajes que desfilan por sus páginas y las conversaciones que entablan entre ellos, llenas de recovecos, de las fórmulas y giros que marcaba la buena educación entonces. Las palabras suenan siempre amables, pero pueden herir con igual fuerza que un insulto. Y esa sutileza afilada es algo que Jane Austen maneja a la perfección.

El segundo punto fuerte de Sentido y sensibilidad, y para mí lo mejor de la historia, es la capacidad de Austen para idear tantos personajes, todos diferentes entre sí y todos tan humanos. Algunos son blanco de críticas, aunque sin caer en la caricatura, como el hermanastro de Elinor y Marianne, que solo es capaz de medir a los que le rodean por su estatus social. Otros inspiran ternura, como la señora Jennings, una viuda de gran corazón y maneras a veces demasiado efusivas para lo que ordenaba la buena educación.

Y las hermanas, claro. Marianne me resultó algo odiosa al principio, pero los tragos amargos que le depara la historia la convierten en un personaje más racional y maduro. Y Elinor, en su papel de hermana mayor más preocupada por el bienestar de los demás que por el suyo, podía resultar repelente y remilgada, pero en realidad es un amor y lo único que quieres a medida que pasas las páginas es que la vida le depare algo bueno. Y eso es lo mejor que puede conseguir un libro.

Lo mejor: La larga lista de personajes, sobre todo femeninos, perfectamente perfilados que llenan las páginas de Sentido y sensibilidad. La empatía que despiertan las dos hermanas protagonistas. El retrato social que hace Austen, que no se reduce a una mera historia de amor.
Lo peor: El rimo a veces es algo lento. La historia se enzarza en ocasiones en largas conversaciones donde aparentemente no pasa nada, de forma que hay que mirar (o leer) un par de veces para encontrar esos dobles sentidos y disfrutar de los diálogos en apariencia amables, pero llenos de pullas.


Reseña: Attachments, de Rainbow Rowell

viernes, 16 de enero de 2015


Rainbow Rowell. Dutton Adult. 2011. 323 páginas

"Hi, I'm the guy who reads your e-mail, and also, I love you . . . " Beth Fremont and Jennifer Scribner-Snyder know that somebody is monitoring their work e-mail. (Everybody in the newsroom knows. It's company policy.) But they can't quite bring themselves to take it seriously. They go on sending each other e-mails, discussing every aspect of their personal lives. Meanwhile, Lincoln O'Neill can't believe this is his job now: reading other people's e-mail. When he applied to be "internet security officer," he pictured himself building firewalls and crushing hackers, not writing up a report every time a sports reporter forwards a dirty joke.

Hay muchas formas de enamorarse. A fuego lento, en un flechazo a primera vista, cambiando de bando para pasar del odio al amor. Y también leyendo emails ajenos. Lincoln acaba de conseguir un trabajo en el periódico local de Omaha. Pero su labor no es ir de aquí para allá, libreta y bolígrafo en mano, en busca de un titular, cual reportero intrépido. Él es más bien del tipo nerd, un informático de los que juegan a Dragones y mazmorras los fines de semana y todavía vive en casa de su madre. Por eso su lugar está en una habitación escondida a los ojos de la redacción y su trabajo consiste en revisar el correo de los empleados, en busca de palabras malsonantes y conspiraciones de cualquier tipo. Es entonces cuando conoce a Jennifer. Y a Beth, sobre todo a Beth.

Aún a riesgo de sonar repetitiva: soy flan de Rainbow Rowell. Me gustan sus historias juveniles, pero ésta, con personajes ya adultos, me encandiló. Y eso que la forma en que surge el amor entre los protagonistas es casi, casi, tan espeluznante como el modo en que Edward observaba dormir a Bella en Crepúsculo. La narración sigue dos hilos paralelos: las conversaciones hilarantes que mantienen dos de las redactoras del diario, Jennifer y Beth, y el día a día de Lincoln, contratado para vigilar que los empleados del periódico hagan un buen uso del correo electrónico que, a finales de los noventa, la empresa acaba de instalar en su sistema informático.

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Lincoln no quiere ser un fisgón, Lincoln se siente mal con su trabajo y con su vida, pero Lincoln no puede evitar leer los intercambios de correos entre Jennifer y Beth cada noche, en su solitario turno de trabajo. Y así es como se enamora de Beth. Cuando se da cuenta de ello, su situación es tan vergonzosa que ya es demasiado tarde como para dar un paso y pasar del amor platónico en la pantalla a intentar algo con la Beth de carne y hueso.

Si me dan a elegir, prefiero las novelas donde hay amor-odio entre los protagonistas y buenas dosis de sparring verbal entre ellos. Por eso me sorprendió lo mucho que me gustó Attachments, en el que casi no hay interacción física entre Lincoln y Beth y que está lleno de frustrantes momentos donde sabes que los dos están a punto de cruzarse y conocerse cara a cara ¡por fin!... hasta que algo se interpone en su camino.

El estilo es fresco, ligero, lleno de humor y de emociones, de escenas cotidianas contadas con ternura. Me gustó el modo en que intercala la narración clásica con las conversaciones entre Beth y su amiga Jennifer, escritas con formato correo, de forma que le da mucho ritmo a la historia. Me gustó también que Attachments, como veo que viene siendo habitual en las novelas de Rainbow Rowell, está bien aderezado con referencias culturales del momento. Si en Eleanor & Park la autora echaba mano de los walkmans para escribir un romance adolescente en los ochenta, y en Fangirl había espacio para Kanye West y las tazas de Starbucks, en Attachments, que es su primera novela, todo grita: ¡nuevo milenio! El periódico en el que trabajan los protagonistas acaba de poner un pie en la revolución digital, y escribir en ordenadores y hablar vía correo electrónico con los compañeros es toda una novedad. Incluso parte de la historia pivota alrededor de la Nochevieja de 1999 y el famoso efecto 2000 que todos temimos.

Pero como siempre, también, la fuerza de las novelas de Rainbow Rowell está en su original planteamiento y en sus personajes. Lincoln es adorable y, aparte de su enamoramiento platónico con Beth, es increíble ver cómo va saliendo de su cascarón y de su zona de confort poco a poco. Las conversaciones por correo entre Beth y Jennifer son lo mejor del libro... con la excepción del momento en que Lincoln y Beth por fin se encuentran. Es mágico y embarazoso y desternillante, como toda la historia. Va a parecer que me pagan por hacerle promoción a Rainbow Rowell, pero ahí van mis primeras cinco estrellas del blog para una de mis mejores lecturas del año pasado.

Lo mejor: Los intercambios hilarantes de correos entre Jennifer y Beth. Lo frustrante de todos esos momentos en los que los protagonistas están a punto de cruzarse y la recompensa cuando por fin lo hacen.
Lo peor: Nada. Es Rainbow Rowell. Lo único es que Attachments no está traducido al español, pero es muy fácil de leer en inglés.