Recuento #1: Enero 2014

sábado, 1 de febrero de 2014

Hago recuento de lecturas en enero. Mes muy pobre, voy fatal con los retos (sobre todo el general de 60 libros) y lo único que me consuela es que Ana Karenina va por más de la mitad. Tendré que confiar en que los viajes en metro me cundan más en febrero.



Mini-reseñas: Las uvas de la ira, Mansfield Park y Lo bello y lo triste

martes, 21 de enero de 2014

Se me acumulan los libros pendientes de comentar y como de tiempo voy muy escasa, ahí van tres mini-reseñas de mis últimas lecturas del año pasado:

Las uvas de la ira, de John Steinbeck. Llevaba desde verano acumulando polvo en la estantería hasta que por fin me decidí a abrirlo. Después me costó cerrarlo casi un mes porque es una de esas historias que hay que descubrir poco a poco. Las uvas de la ira cae siempre en la categoría de gran novela americana y narra el periplo de una familia de campesinos que, en mitad de la Gran Depresión, se ven obligados a abandonar Massachussets para emigrar a California, en busca de trabajo.

Es una lectura imprescindible, también para comprender cómo hoy estamos repitiendo muchos de los errores que cometimos en el pasado. Habla de la emigración, de la pobreza y de la desesperanza de perseguir un futuro próspero que constantemente se nos escapa entre las manos por mucho que nos esforcemos en alcanzarlo. Pero es también una historia de dignidad y de compasión que, por desgracia, hoy resulta más actual de lo que debería.




Mansfield Park, de Jane Austen. El año pasado se celebró el centenario de la publicación de Orgullo y prejuicio, el único libro de Austen que había leído, así que me pareció un buen momento para seguir investigando su catálogo.

Mansfield Park es quizás el título de Austen que peores críticas recibe y, después de leerlo, entiendo por qué. Relata la historia de Fanny Price, una joven que se muda a la mansión de sus ricos tíos para escapar de la pobreza en la que vive en casa de sus padres. El punto débil de Mansfield Park son sus personajes. La lectura es agradable, con diálogos perfectamente construidos y descripciones vivas, pero los personajes —y en especial su protagonista— resultan cargantes y es difícil sentir empatía hacia ellos.



Lo bello y lo triste, de Yasunari Kawabata. Por lo visto, la J-lit o literatura japonesa está de moda. Mi conocimiento es limitado y hasta hace bien poco tan solo incluía haber leído Tokio Blues, de Haruki Murakami, el eterno nominado al Nobel. Precisamente Yasunari Kawabata fue el primer novelista japonés en hacerse con el galardón en 1968. No recuerdo cómo llegué hasta su nombre, pero en Goodreads me llamó la atención el resumen de una de sus obras, Lo bello y lo triste. Cuenta la historia de un escritor casado que viaja a Kioto para escuchar las campanas de Año Nuevo. O quizás lo hace para encontrarse con una antigua amante a la que humilló y que ahora se ha convertido en una reconocida pintora, cuya joven discípula está dispuesta a vengar a su maestra.

No debería generalizar, sobre todo teniendo en cuenta que apenas tengo idea de literatura japonesa, pero sí creo que los novelistas nipones tienen una sensibilidad diferente a la hora de escribir. O puede que simplemente esté generalizando. Pero Lo bello y lo triste es una historia enigmática que deja un regusto raro (aunque no por ello malo) al terminar. En este enlace hay más títulos para quien le interese seguir investigando sobre la J-lit.

Reseña: Bajo la misma estrella, de John Green

miércoles, 15 de enero de 2014

John Green. Random House Mondadori. 2012. 302 páginas

Os presentamos a Hazel Grace. Dieciséis años y enferma de cáncer. Su madre piensa que está deprimida y por eso la ha obligado a asistir a un grupo de apoyo que se reúne en una iglesia episcopal. Todo resulta de lo más deprimente hasta que aparece Augusus Waters. Diecisiete años, una pierna ortopédica y un físico que quita el hipo. Al menos el de Hazel.

Empecé a leer Bajo la misma estrella con recelo. Es lo que me suele pasar con los libros de los que oigo hablar tanto (y tan bien) antes de decidirme por ellos. Y es lo que me suele pasar, también, con los libros que parecen querer predisponerme a la lágrima fácil antes incluso de empezar. 

El último libro de John Green es de esas historias en las que el pañuelo es obligatorio. Hazel Grace y sus pulmones empeñados en no respirar conocen a Augustus Waters y a su pierna ortopédica en un grupo de apoyo para adolescentes enfermos de cáncer. Augustus tiene miedo al olvido y Hazel sabe que sin dolor, sería imposible conocer el placer. Ambos creen que todo, ellos incluidos, son "efectos colaterales" de estar muriéndose, pero aun así, emprenden juntos una aventura para descubrir el final no escrito del libro favorito de Hazel.

No había leído nada de John Green y su estilo, directo y limpio, me ha gustado, aunque en las primeras páginas ya caí en la cuenta de dos cosas, una buena y otra no tanto. La buena: que la historia emociona por lo que cuenta y no por cómo lo cuenta. Sí, se llora. Y mucho (es otro de esos libros que es mejor no leer en público). Pero con un material tan lacrimógeno entre sus manos, es de agradecer que el autor se haya alejado lo máximo posible del lenguaje dramático y haya optado por utilizar un tono sarcástico, casi amargo. Hazel y Augustus son más conscientes que nadie de su situación y, sin molestarse en ser delicados o políticamente correctos, llaman a las cosas por su nombre. A la muerte, a la enfermedad y a sus miedos.

Lo que me lleva a la segunda apreciación que hice al comenzar a leer, la que no era tan buena. Y es que la ironía y el sarcasmo de los dos protagonistas a veces no me han dejado ver más allá, tanto que al principio sus voces eran tan parecidas que incluso me resultaron personajes intercambiables. Ese matiz burlón que utilizan ambos lo encontré excesivo en algunas partes, y creo que no me permitió conocer bien a los protagonistas, sobre todo a Augustus, que con sus frases grandilocuentes en ocasiones caía en la caricatura.

Pero cuando el autor rebajaba el sarcasmo, manteniendo la amargura y una franqueza que al principio incluso me pareció incómoda, entonces era imposible no sentir el dolor de Hazel y de Augustus. También el de sus familias, que están presentes en la historia, prácticamente en cada página, y juegan un papel fundamental. Algo bastante inusual en las novelas juveniles, donde los protagonistas suelen ser adolescentes con padres que el autor nombra de pasada, pero a los que nadie ve nunca aparecer en escena.

Otro punto positivo: la relación de Hazel y Augustus se aleja de la ñoñería y no monopoliza todo el relato. Porque Bajo la misma estrella es algo más que un libro sobre cómo dos adolescentes enfermos de cáncer se enamoran. Es también una historia sobre padres que temen perder a sus hijos demasiado pronto y sobre hijos que ven a sus padres sufrir. Sobre cómo hacemos de la enfermedad algo despojado de toda heroicidad. Y sobre el miedo a la muerte, tan fuerte como el miedo a una vida que se limita a ser una lucha continua contra el cáncer.

Lo mejor: la honestidad de la historia y de sus protagonistas. Que el autor no haya recargado la historia, conmovedora de por sí, con un tono melodramático.
Lo peor: el sarcasmo a ratos excesivo que impedía conocer y conectar con los personajes. Los diálogos, sobre todo algunas frases de Augustus, que resultaban poco reales.